22 de Julio del 2017
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Martínez Casas Edwin Andrés
6 Jul 2016 - 5:01am

Carlos Gaviria y la Constitución de 1991

Publicada por
EDWIN ANDRÉS MARTÍNEZ CASAS
Autor:

El pasado lunes, se celebraron los 25 años de la Constitución Política de Colombia promulgada en 1991. Un variopinto conjunto de valoraciones, balances y juicios han sido planteados para intentar definir el carácter de la constitución vigente en nuestro país. Desde interpretaciones que hacen énfasis en su papel en el desarrollo del modelo neoliberal en Colombia, pasando por valoraciones liberales, hasta otras que resaltan el carácter garantista de la misma, reflejado en la concepción de un Estado Social de Derecho y la exposición de derechos colectivos y derechos sociales.

¿Cómo es posible que el mismo documento genere tan disímiles visiones sobre su contenido? Es como si la constitución hubiese sido escrita a dos manos: de un lado, la que dibujó la arquitectura normativa esencial para el advenimiento del neoliberalismo, que incluye la concepción de algunos derechos como servicios que pueden ser prestados por agentes privados, la autonomía del Banco de la República, y en general el régimen de hacienda pública. Por otro lado, la mano que trazó los derechos sociales, ambientales, el fomento a la participación ciudadana y la joya de la corona: la tutela.

Así las cosas, en estos 25 años, la Constitución Política ha sido un campo en disputa entre dos proyectos de sociedad, cuyo desarrollo ha dependido de la correlación de fuerzas políticas a favor o en contra de cada uno de ellos. Por esta razón, para hablar de la constitución a propósito de su cumpleaños, el balance debe incluir no solo aquellos actores que participaron en su confección, discusión y aprobación, sino aquellos que hicieron aportes para su desarrollo y ejecución, de modo que podamos comprender la distancia existente entre el país real y el país formal. Lo anterior es más importante si tenemos en cuenta que a la fecha la han modificado en 42 oportunidades, es decir, casi dos reformas por año. Y en el desarrollo y ejecución de la constitución del 91, ocupa un lugar especial Carlos Gaviria Díaz. Entre 1993 y 2001, este filósofo del derecho y profesor universitario ejerció como magistrado de la Corte Constitucional, destacándose por una prolija obra jurídica de exégesis y desarrollo del carácter garantista de la constitución y, en general, de las libertades y garantías individuales.

El exmagistrado, fallecido hace un poco más de un año, realizó un importante aporte a la construcción de nuestra maltrecha democracia; desde la tribuna de la corte fue un defensor a ultranza de la acción de tutela, como mecanismo corrector de las injusticias sociales. De igual forma, sus sentencias sobre la eutanasia, la dosis personal y los derechos de los homosexuales –verdaderas herejías constitucionales- resultaron paradigmáticas en el intento de modernizar la vida social y política de un país como Colombia, profundamente conservador.

Pero no solo dejó huella con sus sentencias. También con su ejemplo y su método de discusión en la vida pública como magistrado y como político en ejercicio. Su compromiso con los débiles, los marginados, los diferentes, atraviesa todas sus actuaciones. En el marco de la constitución como campo de disputa entre el componente retardatario en lo económico y el componente democrático, Carlos Gaviria siempre estuvo del lado de la democracia y la libertad en especial para aquellos que han sido excluidos de forma sistemática en una sociedad atravesada por enormes desigualdades e injusticias. Carlos Gaviria Díaz fue tal vez el principal promotor y representante de lo mejor de la carta política de 1991.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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