Nuestro florecer artístico

18 Sep 2019 - 3:01am

Nuestro florecer artístico

Publicada por
BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ
Autor:

Parece haber un florecimiento artístico en Ibagué. Y es que el arte es la expresión máxima de la cultura. Aunque la cultura es todo aquello que representa el accionar del individuo en la comunidad, no todo lo que logra llevar a niveles superiores estas actividades humanas es arte.

Las instituciones culturales se mueven, por lo general, en esta ambigüedad, ¿arte o cultura? Esto permite la excusa de no ponderar el arte y quedarse con el apoyo a diversas manifestaciones comunitarias que, siendo culturales, por aquello de la generalidad, no estimulan las expresiones artísticas, convirtiéndose entonces en intrascendentes.

De ahí que las instituciones no deberían llamarse de cultura sino de arte. Definitivamente lo cultural, por ser tan amplio y ambiguo, no es el objetivo principal de ellas. Llámense secretarías, institutos, departamentos administrativos, oficinas encargadas, o como quiera que tengan vida en los gobiernos actuales, deben pasar a ser de arte. Y expresarlo. Esto obliga a que se concreten sus programas y se institucionalicen sus objetivos.

De esta manera se definen los estímulos al arte como el gran eje de acción, para pasar del esquema de dádivas y limosnas a programas continuos que provoquen el desarrollo libre de la creatividad.

En este sentido, se institucionalizarían anualmente certámenes artísticos en todas las áreas del arte y esto obligaría a los artistas a la búsqueda de la excelencia en sus obras para optar a los estímulos establecidos. Se apoyarían, además, los eventos artísticos de carácter local, departamental y nacional, que tiendan a elevar el nivel de la sociedad, y rescaten de la vulgaridad y la ramplonería las actividades culturales.

De otro lado, son indispensables los escenarios, de los cuales carecen nuestras regiones. Escuelas de arte, con todo lo indispensable para su funcionamiento; galerías de arte; talleres literarios y publicaciones; salas de teatro, librerías, salas de concierto, ferias del libro, etc.

Por supuesto, no es que el Estado deba sostener estos escenarios. No. Lo que debe haber es una política de estímulos, de hacerlas visibles por el apoyo a sus programas, por ser tenidas en cuenta en todos los certámenes que se establezcan para socializar los actos creativos de la ciudadanía. Así, muchas personas se atreverían a crear empresa, conocedores del soporte institucional para estas áreas, hoy deprimidas y miradas por encima del hombro por improductivas.

El otro soporte institucional es que el Estado forme ciudadanos que respeten y conozcan a sus artistas, que crean que sus escritores deben ser leídos, sus artistas plásticos reconocidos, sus músicos escuchados y sus actores y directores de teatro vistos y aplaudidos. Solo así consolidaríamos este florecimiento cultural que parece haber en la actualidad.

¿Qué candidato tiene al arte como parte de su campaña? Claro que ninguno. En fin. Soñar no cuesta nada.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.