¿Dónde ponemos a los ‘ex’?

La frase de Alfonso López Michelsen respecto de los expresidentes terminó convertida en sentencia: “Los exmandatarios son como los muebles viejos. Se les tiene consideración pero nunca se sabe dónde ponerlos”, decía. La verdad es que ninguno de nuestros ‘ex’ se ha resignado a perderse del panorama político. Aún Belisario Betancur -el menos ‘metiche’ de todos- terminó, con los años, también inmiscuyéndose en asuntos electorales, como en las últimas contiendas en las que cantó públicamente su voto por Santos.

Unos fisgonean más que otros. Los hay como Gaviria que a puerta cerrada influye decisivamente en la vida del país. Como Samper, que se mueve hábilmente para reencaucharse y ahora tiene a Latinoamérica como patio de juego. Otros como Pastrana se dedican a la correspondencia, así nunca reciba respuesta de todas las cartas que manda. Y finalmente, está el expresidente Uribe que hasta que retome el poder a través de su partido político, no se resignará a salirse del juego y él mismo sigue teniendo una vigencia incontrastable frente a sus otros colegas. Belisario, ya lo decía líneas atrás, se vio obligado a un retiro forzoso para evitar que le formularan preguntas incómodas y aún así a veces tira línea en torno a la paz y respalda candidatos abiertamente.

Si las cosas no van a cambiar y tendremos a cada uno de nuestros ‘ex’ tan activos como ahora, la pregunta no es si los mandamos a la caneca o los internamos en un asilo de exmandatarios, sino qué hacemos frente a una realidad que indica que todos ellos seguirán metiéndose en los destinos nacionales hasta donde les sea posible. ¿En dónde ponemos, entonces, a nuestros ‘ex’?

La cuestión no es exclusivamente nuestra. En todos los países ha surgido y para no ir más lejos en naciones de nuestro entorno como Argentina, han resuelto darles un asiento vitalicio en el parlamento. Quizá esa pueda ser una alternativa para Colombia, sana incluso. Si bien es cierto que hay un exceso de vanidad en todos nuestros ‘ex’, también hay puntos de vista valiosos que deberían tramitar dentro de las instituciones democráticas y no fuera de ellas. El Congreso puede ser un escenario ideal para ello. ¿Será la hora de encontrarles en el Senado un lugar a todos esos muebles viejos?

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