El palo en la rueda

Obligado es reconocerle a los diferentes estamentos de la sociedad sus esfuerzos frente al difícil momento que vive el Tolima y que con extrema crudeza se refleja en desempleo (tal vez el mal más hiriente) informalidad, inseguridad, mala calidad y cobertura en educación y salud, desnutrición, deterioro medioambiental, mendicidad y más acusadores rostros del atraso. Lo que sufrimos no es crisis (la crisis es relativamente pasajera) es un grave problema estructural de larga historia que crece frente a nuestros ojos sin que lo reconozcamos como tal y por ello pretendemos curarlo con pañitos de agua tibia y no con un rompimiento radical con todo lo que hoy juzgamos como normal y aconsejable para alcanzar el desarrollo.
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La pandemia nos alejó de auditorios y tertulias y nos obligó a utilizar Youtube, Zoom, Meet y otras formas de comunicación para oír análisis y propuestas para superar los problemas y desde luego, en lo personal, para concluir en que en gran medida los análisis son planteados desde un enfoque incorrecto y por tanto las propuestas, como siempre ocurrió, se quedarán cortas y el problema estructural seguirá empeorando. Esta opinión personal, ya lo he dicho, se validará diez años adelante (por ahora excitará repulsas), pero en aquellas épocas la mala memoria impedirá recordarlo y muchos analistas del 2030 seguramente estarán planteando las mismas soluciones que hoy se plantean.

El desarrollo es asunto básicamente político, pero lamentablemente el sentido de lo político se envileció y prueba de ello es que recién el Presidente, que debería ser lúcido estadista y, como tal, vocero de excelsas ideas políticas para transformar el país, descalificaba “La Minga Indígena” arguyendo que tenía sesgo político. Claro que tiene sesgo político ¿o es que acaso su vida, sus territorios, su identidad étnica, su derecho a la paz y el progreso no son legítimos asuntos políticos que los indígenas defienden con valerosa pero desigual lucha? Recuérdese que en el siglo XIX la población indígena argentina fue exterminada.

Así entonces por qué negarnos a entender que el desarrollo del Tolima solo procederá de la reflexiva y decidida lucha por la identidad, la cultura, la autonomía territorial, el derecho a definir nuestro rumbo, el uso de los recursos naturales para nuestro progreso, etc. Esto es lo realmente político, pues el populismo y la corruptela es politiquería. ¿Quienes planean el futuro alguna vez pensaron un modelo institucional de región, de sociedad, de educación, de política, de economía, de medioambiente? Quizás yerre, pero creo que no. ¿Y entonces?

En buena hora el Comité de Gremios propone la sana emulación de la misión de sabios para el Tolima y, sin duda alguna, los sabios saben que los necios con poder son palo en la rueda del progreso y por ello de su examen profundo surgirán propuestas de fina filigrana política para que la sabiduría y no la estulticia guíe al Tolima. En Colombia las misiones de sabios de poco han servido porque son los necios quienes tienen el poder. ¿”El poder para qué”?

 

ALBERTO BEJARANO ÁVILA

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