“El efecto espejo”

Producido el desenlace electoral en EE.UU., en su columna de El Espectador Piedad Bonnet se pregunta: “¿Por qué millones de personas votan de manera entusiasta por un personaje misógino, tramposo, acosador, fanfarrón, ordinario, racista, xenófobo, arrogante?” Tal vez el interrogante ya rondaba en la mente de quienes no logramos entender por qué la mayor potencia global que, por lo mismo, debería ser la nación americana más culta en democracia y humanismo, eligen a un sujeto inhumano, egocéntrico, grosero y no sé cuántos adjetivos negativos más. “El efecto espejo” (Deepak Chopra) resulta útil para intentar una moraleja.
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“Todo lo que te molesta de otros seres, es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo”. Este axioma atribuido a Buda, y el mirar la “viga en el ojo propio”, invitan a emular la pregunta a partir de un enfoque nacional y tolimense, para contextualizar: ¿Por qué tanta gente apoya y vota entusiasmada por clientelistas, mentirosos, endiosados, incompetentes, nepotistas (ejercen el nepotismo), narcisistas, autócratas y no pocas veces corruptos? Si con la misma dureza con que juzgamos a Trump juzgáramos a quienes dañan la democracia y el futuro tolimense, el más grande de los obstáculos para al progreso podría languidecer.

Pero la cosa no es solo de juicio general. Académicos, intelectuales, estudiosos, formadores de opinión y políticos sesudos, responsables y coherentes (pocos ellos), tendrían que hallar respuesta, digamos que histórica y política, al porqué y desde cuándo es normal y tolerable el arraigado y continuo abuso de las instituciones públicas y del erario (nuestros impuestos), abuso que corroe cada vez más la ética, la moral y el buen juicio ciudadano y así impide que sea posible una política participativa, propositiva, democrática, dialogante y concertadora que permita el progreso para todos y oportunidades halagüeñas para nuestra juventud.

Quienes por hambre, ignorancia, costumbre o desempleo atroz reciben un tamal o aceptan jefaturas políticas espurias para “obtener puesto” son víctimas de injusta burla, injusta digo porque éste es sólo el efecto de una causa con la cual casi todos somos permisivos, es decir satirizamos al débil y al necesitado y engrandecemos a quien de ellos abusa. Unánime es el acuerdo respecto a que el Tolima debe corregir sus graves males, pero lejos estamos de un acuerdo sobre las causas que los generan, pues el solo amago de ahondar en ellas ofende a quien se siente aludido y a quien exige “las buenas maneras”, porque estas “no pelean con nadie”. Mientras suframos el “síndrome del avestruz” jamás hallaremos la vía al desarrollo.

La moraleja del caso Trump aconseja usar el “efecto espejo”, porque si bien a muchos nos anima que USA mejore su democracia, ello no soluciona los males del Tolima, región donde “las promesas encandilan para que olvidemos la realidad”. Hoy la política significa impudor e ineptitud, cuando debería significar talento, visiones y acuerdos, pero eliminar lo uno para que surja lo otro exige desendiosar a quien ofrece el tamal sin ridiculizar a quien lo recibe.

ALBERTO BEJARANO ÀVILA

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