“Porque fueron, somos. Porque somos, serán”

En el Tolima la correlación desarrollo y política es francamente delirante.
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 Para no utilizar el justo término peyorativo, digamos que algunos tolimenses tenemos un espíritu electoral un tanto alunado, porque invita al activismo proselitista sin articular la idoneidad del candidato a los análisis de causalidad del problema a resolver y, por ello, solemos aplaudir y promover “personajes” carentes de una consistente ideología del desarrollo, un coherente derrotero programático y un sentir democrático de organización política y que, validos del populismo, usan o quieren usar lo público para beneficio personal.

Diría entonces que nuestro delirante espíritu electoral nos empuja a “dejar la solución de los problemas en manos del problema”. De un indignado por la manera como han gestionado y gestionan al Tolima tendríamos que esperar sentido crítico y autocritico, pues ésta es la única forma de diferenciar el talento, el talante y la aptitud de los candidatos que le convienen y no le convienen al Tolima y por ello a la acriticidad (o la candidez) atribuyo el hecho de que me hayan invitado a signar un “pacto por el Tolima” basado en tesis abstractas, genéricas y sin aplicabilidad o pertinencia regional y que, al indagar cómo se elegirían los candidatos (advertí no tener aspiración) y qué partido los avalaría, sobre lo último hubo silencio y, sobre lo primero, se dijo que los candidatos ya se habían escogido y, al oír nombres, supe que habían sido ungidos por el rancio caciquismo, hecho que juzgué de grosería y, con respeto y razones, así lo hice saber de mis anfitriones.

La aberración política es causa de atraso regional porque, al enraizarse en nuestra “cultura”, es vista como cosa normal y así se registra mediáticamente. Mientras la aberración política sea referente “cultural y político” el atraso se eternizará, porque el cambio será un concepto estéril, las ideas falsos pretextos y la democracia una caricatura.

Quien anhela sinceramente el desarrollo tolimense tiene que saber qué aberración política son elecciones sin proyectos políticos, avales sin vínculos ideológicos, cuotas políticas, clientelas burocráticas, nepotismo abusivo, ignaras hegemonías, “apropiación” de las instituciones públicas, viciadas prácticas de contratación.

Sabiendo esto, sabemos qué tenemos que cambiar en el Tolima. ¿Será la actual o cuál será la generación de dirigentes sociales, económicos y políticos que decida reconstruir al Tolima? En alguna hora histórica surgirán líderes que entiendan que la aberración política es “un agujero negro” que traga sueños, esperanzas, dignidades, valores humanos buenas ideas y planes, confianza, calidad de vida, oportunidades para la juventud, democracia, erarios, recursos naturales y que por ello se tienen que romper atavismos para que la política sea un decente, participativo y eficaz instrumento de progreso para el Tolima.

“Porque fueron, somos. Porque somos, serán”, reza la frase de un anarquista español, frase que enseña que el delirante espíritu electoral que nos legaron no debe ser nuestra heredad inexorable a las nuevas generaciones, pues así eternizaríamos el atraso y la falta de rumbo.

 

ALBERTO BEJARANO ÁVILA

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