Las luchas sociales no deben personalizarse

Admirable y ejemplar es la lucha que, por fines concretos, libran muchos líderes tolimenses. Medio ambiente sostenible (Bosque Galilea, Piedras, Cajamarca), cultura (festivales y otras expresiones) patrimonio arquitectónico (Ambalema, Honda y más lugares emblemáticos e históricos) son, desde hace muchos años, algunos de esos frentes de lucha que, en mi franca opinión, se perderán, porque son aislados y no convergen estratégica y políticamente a un proceso de empoderamiento para cambiar el rumbo del Tolima. Sobre otros temas álgidos (empleo, corrupción, inseguridad, vías rurales y urbanas, educación, salud, etc.), pienso que hay más blablablá, formulismos teóricos y oportunismos politiqueros que espíritu de lucha.
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Parece que aún estamos muy lejos del acuerdo, o al menos, del diálogo abierto respecto a que el desarrollo endógeno o construcción de región, es la histórica tarea que unidos hemos de realizar los tolimenses para rehacer nuestro maltrecho terruño. De ahí la angustia al ver cómo, en un archipiélago de frentes de lucha generalmente personalizados, cada quien, de buena fe o dudosa intención, asume lo suyo sin admitir que en lo de todos es donde estriba el progreso cierto y democrático. En analogía prosaica digamos que los tolimenses vivimos bajo un carcomido u oxidado techo y que cada quien pone “totuma” en su propia y creciente gotera sin prestarse siquiera para conversar acerca de cómo podríamos construir un tejado nuevo, moderno y sostenible que nos resguarde a todos, incluidos nuestros descendientes.

Siendo la política, en su hondo sentido, el entrecruce por donde pasan todas las variables del desarrollo, (hoy pasan las del atraso) ¿alguien podrá creer que, con la mentalidad y las mañas con que los caciques han gobernado por tantos lustros y con el “menú electoral que están ofreciendo”, los tolimenses tendremos mejor futuro? Claro que no, “ese cuento no lo come nadie” y quienes “lo echan” mienten cínicamente porque saben que en el Tolima ellos entronizaron la pseudocultura política del caudillismo clientelista y electoralista que, hasta hoy, logró arrinconar los liderazgos fundados en ideas, unidad, inclusión y democracia real.

Los indicadores sociales y económicos coinciden plenamente y con tendencia al alza, con la realidad que vemos en la calle y, aun así, ese archipiélago de ingenuidades y perversidades impone una manera de pensar y obrar basada en abstracciones o enfoques subalternos que impide hallar los correctos derroteros para trasformar al Tolima y de ahí la demagogia que exalta los efectos del atraso omitiendo el examen de sus causas. Se entenderá entonces que el Tolima sufre falta de ética y también padece de personalismos e inconsecuencias.

Sólo procede invitar a los buenos líderes a que no sigan tapando goteras inútilmente y mejor encaucen su voluntad hacia la construcción de un solo techo o igual, que adhieran y aporten a la causa común que busca producir el quiebre histórico del Tolima. Las luchas justas deben ser luchas de todos y el triunfo sólo se logra con peso político y éste con ideas y sinergias.

ALBERTO BEJARANO ÁVILA

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