Cuando el pasado eclipsa al futuro

Desarrollo, bienestar, innovación, modernidad, transformación, oportunidades y muchos sustantivos más que escuchamos todos los días en boca de muchos dirigentes y agentes de opinión, parecieran ser pregones de futuro, pero, al escrutar detenidamente los momentos, las circunstancias y las acciones que proceden, se evidencia que tales conceptos son apenas lugares comunes propios de racionalidades e intencionalidades más ligadas al pasado que al futuro. Escuchar palabras y luego padecer las acciones posteriores, es como un dèjà vu o “sensación de haber vivido ya la misma situación” y de ahí la pregunta que debería preceder todo ejercicio prospectivo: ¿El pasado eclipsa el futuro de los tolimenses?
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No se cómo cada quien percibe o ha percibido los discursos y los hechos sociales, políticos y económicos del reciente pasado y del tiempo presente, pero mi percepción, lo confieso, es la de quien mira, por enésima vez y casi que obligado, episodios de un antiguo y mediocre “enlatado” que la crítica, asistida por el poder mediático, presenta como un gran estreno y, a sus actores como personas dotadas de sinigual visión del futuro, cuando la verdad es que la trama discurre por lo obvio, lo arcaico, lo sabido y lo padecido. Así es como anclan nuestra imaginación al pasado para evitar que descubramos que otro futuro sí es posible.

Antonio Concheiro dice que “el pasado pertenece a la memoria, el presente a la acción y el futuro a la imaginación y la voluntad” y, siendo evidente que el pasado tolimense es un libro que, por estar mal escrito y contener inexcusables errores y una gran carga de negativismos, prejuicios y mentiras, nos confunde y nos divide, entonces nuestro pasado únicamente sirve para recuperar las raíces de nuestra identidad y el presente para decidirnos a romper todas las ataduras paradigmáticas para no repetir más lo malo del pasado; así descubriríamos una nueva dimensión del orden social, económico y político que nos permita acceder al futuro con propósitos comunes e ideas verdaderamente imaginativas para construir el Tolima que merecemos pero que él atávico, nefasto e inmoral lastre del pasado siempre lo impide.

Hughes de jouvenel señala que “en atención al pasado, la voluntad del hombre es vana, su libertad nula, su poder inexistente” y que “el futuro es dominio de la libertad, el futuro es dominio del poder, el futuro es dominio de la voluntad”. Estas citas de Concheiro y Jouvenel, tomadas del libro “prospectiva: construcción social del futuro”, enseñan que es inaplazable romper el molde mental sí queremos ser ciudadanos del futuro, pues el legado del pasado, incluido el centralismo, es un adefesio histórico que nos impide entender que. con enfoque regionalista, el futuro tolimense es una construcción que sólo concierne a los tolimenses.

El libro del futuro se escribirá mal mientras exista “el dilema entre el conocimiento, el deseo y el temor” y por ello la complacencia con lo regresivo debe acabar, pues es inconsecuente, inoficioso e ingenuo hablar de futuro sin quebrar los atavismos, sobre todo en la “política”.

ALBERTO BEJARANO ÀVILA

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