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2022, Tiempo de plenitudes

Hoy me sumo a los sinceros deseos para que el año 2022 esté lleno de ventura y prosperidad para los tolimenses. Por creerlo oportuno sumaré a mis deseos una opinión acerca de cómo “alinear los astros” para que el tiempo de plenitudes se aproxime al Tolima y, lo esencial a decir es que la felicidad y el progreso no se espera, la tenemos que construir los tolimenses y que ello exige memoria, conciencia crítica y diálogo para entender por qué la historia ha sido mezquina con el Tolima y cómo construir una historia prospera; así permearíamos de racionalidad al sensible espíritu  de año nuevo para que la transformación del Tolima también ocupe destacado lugar en los listados de propósitos para 2022.
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En tiempo de esperanza el deseo de prosperidad debe ser generosamente extensivo a todas las familias tolimenses y por ello evoco una frase: “la mejor noche buena será aquella donde nadie se acueste sin comer”; un deseo imposible mientras existan causas y “mulas muertas” que impiden solucionar los graves, crónicos y crecientes problemas, y de ahí la indiscutible urgencia del cambio. Pero esta premisa es vaporosa, porque cambiar para bien a Colombia, lo reitero, no significa cambiar para bien al Tolima y por tanto el desafío del cambio para los tolimenses tiene dos frentes de trabajo, el nacional y el regional y cada uno de esos frentes, para que sea exitoso, exige equipamiento estratégico diferenciado.

Ahora que los políticos en el poder intentan convencernos de “los grandes avances del país” y quienes aspiran al poder desvarían con soluciones para todos los problemas, lo mejor que podríamos hacer los tolimenses, para iniciar el cambio, sería dudar del vaivén de opiniones, silencios y justificaciones y aceptar al unísono que las cosas en Colombia no andan bien en materia de desigualdad, pobreza, hambre, miseria, desempleo y muchos otros problemas y que el Tolima es una región preocupante, por su atraso, por la emigración, porque ya somos enclave económico y más reveses que facilitan predecir que, si no revertimos las tendencias el tiempo de plenitudes para los tolimenses siempre será inalcanzable.

Si el “progreso nacional” se ha logrado a costa del atraso de muchas regiones, entonces el cambio nacional debe armonizar con el cambio tolimense y para ello tenemos la pertinencia de las ideas, la fuerza de las palabras y la eficacia del voto, pero, aun así nada sucederá si, a su vez, no se construye en el Tolima una visión estratégica autonómica y otro modelo social, económico y ambiental, que, seré franco, tampoco servirá si no surge una realidad política basada en identidad, democracia y unidad regional por encima de la diversidad nacional.

Deseo que la voluntad compartida haga del 2022 el año inicio del viaje hacia la prosperidad que merecemos los tolimenses y para ello, así lo juzgo, deberíamos saber que una cuestión es cambiar al país y otra al Tolima. De ello quizás podamos dialogar después de elecciones, pues ahora “la política tolimense” usurpó la causa del cambio sin saber cómo hacerlo.

 

Alberto Bejarano Ávila

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