En plata blanca

Hay cosas que debemos decir en plata blanca así incomoden a tirios y troyanos. Tal es caso del rol que históricamente han desempeñado los partidos políticos en el devenir del Tolima, rol fácil de calificar porque basta con mirar cómo la realidad y las evidencias de la dinámica cotidiana revelan más decadencia que progresismo, mirada que permite concluir en que tal rol ha sido más lesivo que provechoso y que un juicio sobre el partidismo en el Tolima nunca se hizo, pues, así parece, ideólogos, intelectuales, investigadores y críticos no quieren coger “el toro por los cuernos” o califican de normal esa aberración política y por ello se entronizó el personalismo como única, desastrosa y falsa verdad político-electoral en el Tolima.
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Solo Alianza Verde conecta con el Tolima, y solo por la variable medioambiental, los demás partidos, Liberal, Conservador, Cambio Radical, Ada, Mira, Nuevo Liberalismo, UP, Oxigeno, Polo, Maís, Centro Democrático, Salvación Nacional, Comunes, Colombia Justa y Libre, PCC, U, Aico, Colombia humana y otros logos, nunca expusieron sus lecturas históricas y sus ejes programáticos para el Tolima y por tanto son “colectivos” que en nada enaltecen el espíritu regional y, al contrario, rompen toda posibilidad de unión de los tolimenses, pues bajo esos colores muchos creen hacer política correcta induciendo una subcultura político-electoral que es caldo de cultivo para el mesianismo sórdido. Seré militante orgánico cuando emerja un colectivo político que lealmente quiera construir la prosperidad de todos los tolimense.

¿Qué son hoy los partidos políticos en el Tolima? En mi sentir son apenas toldos que alojan a quienes, con mala o buena fe, igual piensan, a pie juntillas, que ellos son el fin de la política (el personalismo) pero que requieren aval para candidatizarse y excusas para ser portavoces de una palabrería atiborrada de lugares comunes y sin pertinencia ideológica para el Tolima. De tal forma sucedieron las elecciones del pasado y sucederán las elecciones de octubre 23 y más cuatrienios, pues no existe honesta y perspicaz conexión entre la política y el derecho de los tolimenses a mejor futuro, desconexión que únicamente puede corregir un legítimo, raizal y democrático colectivo político dispuesto a cambiar el adverso destino del Tolima.

Lo que ocurre en verdad es la negación de la legitima política y ello se explica, en gran parte, por la “colonización ideológica”, la decadencia de la identidad regional, la resignación frente al atraso, el anacrónico culto al personalismo y la negación a establecer ejes programáticos y estratégicos que sustenten las vocaciones políticas y por ello, hasta personas buenas pero “pagadas de sí mismas”, terminan cayendo en el caudillismo fatuo que cree indigno dialogar para construir, desde saberes diversos, un pensamiento integral y atinente al Tolima.

Alojado en toldos foráneos, el “liderazgo político” seguirá dividiendo, negándose a dialogar y causando corto circuito entre la política y nuestro derecho a vivir en un Tolima progresista. Catastrófica es la politiquería decadente y narcisista, pero bueno, ¡eso es lo que hay!

ALBERTO BEJARANO ÁVILA

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