No existe historia tolimense (II)

La aleatoria lista de ejemplos para contrastar la construcción histórica con la historia como zaga de sucesos inerciales en el Tolima continua con los servicios públicos, donde también lo histórico se hizo evidente al permitir que la construcción de la actual estructura (excepto acueductos, donde ronda el runrún privatizador) se readaptara por la dinámica empresarial, externa, nacional y multinacional y ante la inacción, cuando no apología, de quienes ignoran que una estructura de activos productivos, pública y propia, permite generar utilidades para reinvertirlas en calidad de vida, empleo y prosperidad para los tolimenses.
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A diferencia de regiones desarrolladas, en el Tolima el neoliberalismo aturdió la cordura de la dirigencia política para que admitiera que no existen diferencias capitales entre economía pública y economía privada y la fábula de que la primera es más eficaz si es privatizada. Este ardid, que rompe el equilibrio entre bien común y bien privado (solo posible si las dos ramas económicas son fuertes) cumplió su tarea, pues unos líderes públicos (diría que probos pero cándidos) cayeron en el esnobismo neoliberal y otros (los politiqueros venales), clientelistas ya por herencia del FN y que veían lo público como coto de caza para satisfacer su codicia, hallaron en la enajenación de activos productivos del Tolima otro filón para sus inicuos fines. Las sociedades sin ética, identidad y espíritu solidario se condenan a desandar su historia.

Sin valorar ni defender los activos productivos públicos del Tolima o que aquí tenían su sede, se vendió a Hidroprado (cuentan se construyó para reparar los perjuicios de la violencia) sin que el gobernante del momento realizara gestión alguna para utilizar la primera opción de compra que tenía el Tolima. Vendieron a Electrolima, vendieron las acciones de Teletolima; privatizaron la recolección de basuras en Ibagué y, en general, fue una desafortunada época en que se ocasionó o permitió la enajenación de recursos reales y potenciales (ej. El gas) y así se cercenó la posibilidad de construir un modelo público-empresarial robusto (ej. EPM, guardadas proporciones) para la prestación de servicios públicos esenciales y para generar excedentes para la formación de un capital que apalancara e hiciera sostenible el progreso.

Sobre ello impera el mutismo, tal vez por falta de conciencia social, juicio crítico y posición política y por tanto esos sucesos no son históricos, es de construcción regional que deshace la historia. Pero, pasadas muchas décadas, esa manera de ver las cosas no cambia y por ello, si hoy (posibilidad inherente al descaro politiquero) privatizaran al IBAL, sin duda surgirían tímidas protestas, ruidoso silencio y zalamerías para el “astuto depredador” del momento e Ibagué habría perdido su bien más preciado, el agua, para enriquecer a unos pocos.

¿Cuánto dinero que debía reinvertirse en nuestro progreso se remesa hoy a otros sitios del país y el mundo? ¿Acaso ello no explica el desempleo, la emigración, la pobreza y el atraso en general? ¿Acaso no es de extravíos, errores y fracasos que se aprende? Continúa…

¡Hagamos región y apoyemos lo nuestro!

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ALBERTO BEJARANO ÁVILA

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