SIN APERTURA MENTAL, NADA

Pese a querer asumir con respeto y cordura el pluralismo ideológico que origina los distintos análisis de los primeros cien días del gobierno de Gustavo Petro, es difícil hallarles sindéresis a los objetores de casi todo cuanto viene haciéndose por el cambio, que, como titula El País, España, es “un cambio en un país que vuelve a tener rumbo”.
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Comprar tierras para redimir el campo y lograr soberanía alimentaria y precios justos; inicio de la transición de emisiones de carbono a la sostenibilidad ambiental para cooperar con países dispuestos a encarar una hecatombe mundial no lejana; paz total para conseguir sosiego y condiciones para trabajar el campo; justicia tributaria para comenzar a superar la vergonzosa desigualdad; liderazgo internacional que empieza con el reencuentro con países hermanos y la convocatoria a la unidad de América de Latina frente al mundo; solucionar los crónicos y graves problemas del sistema de salud; dignificar la diplomacia en el mundo por el bien de Colombia.

Estas y muchas más acciones, propias de un estadista, ya muestran que el cambio es posible y que sus virtudes se verán, unas en el corto y mediano plazo y otras en el largo plazo y, por ello, al objetor de lo inobjetable lo juzgo, o bien como un malintencionado o mala leche que ansía que el cambio fracase para asegurar la injustificable continuidad del modelo político-económico que hizo del nuestro uno de los países más violentos, regresivos y desiguales del mundo o bien como el testarudo que cree en “gobernantes benefactores” que solo reparten migajas de la torta que engullen con morbosa gula. Parece entonces que, unos por ausencia de espíritu solidario o por indolencia social y otros por cortedad mental, no logran entender que se debe gobernar para construir un Estado de bienestar social y no uno de privilegios.

Sin duda los grandes cambios que ya estamos viendo, tarde o temprano llegarán al Tolima, claro, siempre y cuando el tolimense no los espere como dadivas propias de un “gobernante benefactor” y si como derecho que los tolimenses podemos conseguir si sabemos leer bien el momento histórico y decidimos sumar, de manera sincronizada, los esfuerzos de toda la institucionalidad pública, privada y social. Que el Tolima coopere y se beneficie del cambio, excúsenme la franqueza, supone trascender a ese Tolima autista, “godofredo” y politiquero incapaz de dialogar para trazar otro rumbo, algo que se logra abriendo la mente para fundar una voluntad política tolimense que engrane con la gran empresa para trasformar al país. 

Ese talante medioeval que en cerca de 15 mil días (ocho lustros) fue incapaz de traer justicia social, progreso, prosperidad y modernidad al Tolima, no tiene autoridad moral e ideológica para que los feudalistas vitrineen, posen o roben audiencia, para exhibirse como “lideres” críticos que denuncian como, en 100 días, el gobierno nacional aún no trasforma al Tolima, Sin duda los cambios nacionales crearan las condiciones para el cambio en el Tolima, cambio que, necesariamente, requiere ahora de una profunda reconversión del alma tolimense.

 

ALBERTO BEJARANO

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