Bioeconomía regional, una alternativa de desarrollo para el Tolima (I)

La Misión de sabios 2019 propuso cinco misiones emblemáticas para el desarrollo del país. Una de ellas es la bioeconomía, entendida como la conservación y utilización de los recursos biológicos para avanzar hacia una economía sostenible. Uno de estos recursos es el bosque seco tropical.
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En el mundo, tan solo el 2% de estos bosques permanece intacto y sólo el 7% de ellos está protegido. Todos se caracterizan por tener una gran biodiversidad sobre todo en las zonas ecuatoriales, con cerca de mil especies únicas de árboles por bosque. 

Las plantas de la familia Fabaceae, por ejemplo, pueden ser utilizadas como fuente de moléculas para la agricultura o los sectores farmacéutico, agroindustrial o médico, entre otros. Así mismo, se ha demostrado que la biomasa residual de estos bosques puede usarse para obtener ácido poliláctico que es un insumo vital para la fabricación de bioplásticos o la producción de alimentos obtenidos del bosque.

La conservación de estos bosques no sólo abre posibilidades de trabajo para las poblaciones vecinas, sino que permite la producción de alimentos nutracéuticos. En Canadá, estos alimentos representan una industria de un billón de dólares canadienses y la demanda por alimentos funcionales y nutracéuticos en el mundo se estima en 56 billones de dólares canadienses.

El Tolima es una región privilegiada en este tipo de bosques, se les encuentra en la meseta de Ibagué, en Mariquita (en donde estuvo el sabio Mutis), en Venadillo, Alvarado y en la reserva de Galilea (con cerca de 33.000 hectáreas), entre otros. Es por ello por lo que la bioeconomía regional se constituye en una alternativa plausible para darle un nuevo e innovador impulso al desarrollo económico del Departamento. 

El seis de diciembre anterior, refiriéndose al trabajo de la misión de sabios, el presidente Duque anunció que en lo que resta de su gobierno, la prioridad estará en dos de las misiones emblemáticas: la educación y la bioeconomía.

Para aprovechar esta oportunidad es necesario iniciar con un plan de protección del bosque seco tropical, establecer un programa de conocimiento del bosque con principios de bioprospección y delinear tres o cuatro proyectos piloto. Las opciones son varias: el turismo científico, las cadenas de producción de moléculas de interés para alguna industria a partir de recursos no maderables del bosque y la producción de alimentos. El Tolima puede ser pionero en esta naciente industria.

En una próxima columna me referiré a la acuaponía, un segundo proyecto que se enmarca en la bioeconomía regional.

ALFONSO REYES ALVARADO

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