Un necesario ecosistema de innovación

En Marruecos, hay una vieja historia que dice que cada mañana la gacela se despierta con angustia pensando que debe correr más rápido que la más veloz de las leonas para no ser devorada.
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Y cada mañana, la leona se despierta pensando con angustia que debe correr más rápido que la más lenta de las gacelas para que sus cachorros no mueran de hambre. La moraleja de esta historia es que debemos correr todo el tiempo, debemos movernos, debemos innovar, sobre todo en momentos de crisis como el que estamos viviendo, en medio de un lento proceso de vacunación que trae esperanza, pero ad-portas de un tercer pico epidemiológico.   Una expresión concreta de la innovación social es la creación de empresas que impulsen el desarrollo local. En este sentido es de destacar el papel que ha jugado la Asociación para el Desarrollo del Tolima (ADT) a lo largo de su historia. De la mano de sus miembros se crearon varias empresas que aún subsisten, como Carlima (hoy Fondo Ganadero del Tolima), Catsa (hoy molinos Roa), el Fondo Regional de Garantías, Actuar Tolima, el Centro de Productividad del Tolima y la Editorial Aguas Claras de donde se desprendió el periódico El Nuevo Día. Otras desaparecieron, pero fueron emblemáticas en su momento, como Aires, CorfiTolima y Texpinal. 

Se suele afirmar que la competencia es el mejor motor para la innovación. Probablemente lo sea a nivel de empresas individuales que necesitan diferenciarse de sus competidores. Otro ejemplo de esta relación proviene de la industria automotriz, que deriva sus mejores innovaciones de la feroz competencia entre las escuderías de Fórmula 1. Sin embargo, desde la perspectiva del desarrollo regional, el espíritu emprendedor individual debe ir de la mano de la solidaridad, de lo contrario sería imposible construir un tejido social que sustente un desarrollo equitativo e incluyente para la población. Una manera de articular competencia y colaboración en este ámbito es mediante la constitución de un ecosistema de innovación y emprendimiento. Un ecosistema es el resultado de coordinar solidariamente los intereses diversos de entidades públicas y privadas para el logro de un bien común. Este trabajo articulado en redes es el modelo de innovación con mayores resultados en varias ciudades alrededor del mundo. Experiencias desarrolladas en Boston, Hong Kong y Valencia son ejemplos interesantes de conocer. En Colombia, el ecosistema de innovación más exitoso es el de Medellín (Ruta-n) y, más cerca de nosotros, el de Manizales MÁS. Esta iniciativa surgió hace ocho años de la mano de la Universidad Autónoma de Manizales y la Fundación Luker con el apoyo del gobierno local. Con la asesoría del Babson College de Boston fueron conformando un ecosistema de emprendimiento que une a todas las universidades de la ciudad, a los empresarios y a las institucione públicas. Entre sus logros vale la pena destacar los programas de entrenamiento a empresarios para incrementar sus ventas y utilidades, la incubación de ideas de negocio con alto potencial, la mentoría empresarial y los proyectos de innovación abierta. Esta experiencia se está llevando a otras ciudades en Colombia y a otros países en América Latina. Hace un par de años se presentó a Innpulsa una propuesta para cofinanciar su trasferencia y adaptación a nuestra ciudad. Creo que este momento es ideal para retomar esta propuesta y poner en marcha un mecanismo que nos permita dejar atrás la angustia que cada día atormenta a las gacelas y leonas de la historia Marroquí; vamos por un Ibagué MÁS unido.

 

ALFONSO REYES ALVARADO

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