Elecciones y educación

Algunos hablan que la historia es cíclica, quizás tratando de hacer visible que cuando a un error no se le buscan soluciones, cada cierto tiempo se repite de manera indefinida. Esto mismo parece suceder con la educación. Cada cierto tiempo salen los resultados de alguna medición sobre calidad educativa y los comportamientos de los implicados parecen calcados. Los gremios y funcionarios se disculpan diciendo que esas pruebas son estandarizadas, que fueron pensadas para otras latitudes y que no miden el verdadero potencial y calidad de nuestros estudiantes. Los miembros del gobierno anuncian medidas urgentes para solucionar el problema. Los medios de comunicación hacen su escándalo de rigor. Y todo sigue igual, hasta que aparece otro informe y se repite el proceso…

No hay político que no hable de la educación y exprese con profundo sentimiento su interés por mejorar la educación. Además, expresa con propiedad discursos como este: la educación es fundamental para el desarrollo de la sociedad; sin una transformación radical de la educación no habrá progreso ni futuro; la educación es el eje principal de la competitividad, la innovación y la productividad de una región, etc., etc.

Si uno esculca con algo de cuidado los programas y discursos de los candidatos a cargos públicos de elección popular encontrará una serie de lugares comunes y la ausencia de verdaderos programas y políticas públicas para encausar la educación por nuevos y calificados caminos, para mejorar la calidad educativa y poder sacar a las ciudades, municipios, regiones y pobladores de su atraso y estancamiento consuetudinario. A los políticos les interesan las cifras de cobertura para mostrar que más niños y niñas están en el sistema escolar, ¿pero qué, cómo y quién les enseña? les importa un comino. Les interesa adueñarse de las secretarías de educación para nombrar amigos, trasladar maestros de su cuerda, dar contratos y dedicarse a mantener los indicadores tramitando oportunamente los formularios que exige el ministerio de educación nacional. Y pare de contar. Los sindicatos mientras se les pague a tiempo y no se remuevan sus “conquistas”, permanecen tranquilos.

Mientras tanto miles de estudiantes sienten que lo que aprenden no les sirve para vincularse a trabajar, tampoco para resolver sus conflictos cotidianos, crece su desesperanza y su sensación de no futuro y optan por los caminos “fáciles” de la delincuencia, la drogadicción, el desespero, el suicidio o la simple molicie. También crece el desempleo, el rebusque o empleo informal; crecen las quejas de los empresarios y empleadores por la escasa calificación de la mano de obra y por verse obligados a traerla de otras latitudes. Se avecinan otras elecciones y se repetirá el ciclo. ¿Quién le va a exigir a los candidatos un conocimiento y compromiso serio con la educación, más allá del discurso para recaudar incautos y votos?

No podemos continuar eligiendo mandatarios a quienes solo les importa cómo y con quien gastarse el presupuesto de educación y para nada aplicar correctivos para que la educación salga de la mediocridad y permita a nuestros jóvenes afrontar la vida con esperanza y con futuro. ¡De verdad no podemos!

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