Proceso de búsqueda

El nuevo Jefe del Estado y su gabinete conforman un gobierno plural, como no conoce otro la historia reciente.
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Esa sola circunstancia constituye un significativo cambio en nuestras costumbres políticas.

Colombia es una sociedad diversa, como casi toda la región, gobernada tradicionalmente por una suerte de pensamiento único. La Carta Política del 91 formuló una apertura hacia el reconocimiento de la diferencia que, sin embargo, se negaron a aceptar los sectores más conspicuos de la vieja política. Como consecuencia de ello, el siglo XXI trajo consigo polarización, exclusión, recentralización y represidencialización. Fue el resultado de insistir en la homogeneización de lo heterogéneo. En el siglo XX las sociedades transitaban por caminos trazados. Sus líderes escogían el más indicado a su juicio y lo enriquecían con sus propuestas, desafiando más o desafiando menos la sobreideologización y los condicionamientos de la guerra fría. Pero la actual centuria presenció un colapso de los paradigmas vigentes en la anterior.

Los líderes del siglo XX podían escoger, sin muchos temores, unos objetivos que atisbaban más allá del horizonte. Divisaban en lontananza la tierra prometida. Hoy, por el contrario, los horizontes son brumosos y se ve lo mismo mirando hacia cualquiera de los cuatro puntos cardinales.

Tiene razón el presidente Petro cuando responde a la pregunta sobre el cambio que ofrece, diciendo que se trata de avanzar hacia más democracia. La respuesta es fácil en términos retóricos, pero es muy difícil volcarla a los términos políticos. Por eso escasean los líderes en el siglo XXI. Gobernar en medio de una crisis de paradigmas se vuelve un desafío, pero también una aventura. Es avanzar hacia una tierra prometida que existe más en la ilusión que en la esperanza. No existe aún en la política y hay que buscarla sin brújula. Tiene razón también el presidente en que el compromiso del gobierno es asumir un proceso de búsqueda. No es una respuesta facilista. Es, por el contrario, una respuesta seria, estudiada, responsable.

En este mundo sin líderes los caminos se cierran. Como en el verso de Machado, hay que hacerlos al andar. El reto es mayor aún en una sociedad como la nuestra, compleja, vital, contradictoria cuya pluralidad no ha podido, no ha sabido o no ha querido entender que no está dividida entre héroes y villanos sino compuesta por una multiplicidad de ciudadanos de todas las condiciones humanas, de todos los sentimientos anímicos, de todas las improntas culturales.

Defienden intereses distintos, incluso opuestos, pero en todo caso legítimos. Tienen derecho a ello y eso lo sabe el nuevo gobierno. No se puede improvisar.

Hoy es ingenuidad, o torpeza, o perfidia, insistir en la impostura binaria izquierda-derecha, amigo-enemigo, ateo-creyente. Lo que necesita la sociedad colombiana es encontrarse a sí misma, en unos acuerdos fundamentales capaces de construir una democracia de consenso. Por eso está bien ensayar un gobierno plural en una sociedad plural para asumir un proceso de búsqueda, más allá del vetusto esquema gobierno-oposición y más acá de la arrogancia miope que nos niega la posibilidad de demostrarle al mundo –y a nosotros mismos- que aquí también, como en la vieja Europa guerrera, los adversarios pueden vivir como vecinos.

AUGUSTO TRUJILLO MUÑOZ

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