No voy más

El jueves 8 de agosto de 2002, apareció en El Nuevo Día mi primera columna de opinión, que entonces versó sobre la historia y la novela de Darío Ortiz Vidales, titulada “No todos llegaron aquel viernes”. Desde esa primera columna fijé el carácter de mis intervenciones, decididamente orientadas a temas de la cultura.
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Previamente había sido invitado por Antonio Melo Salazar, entonces gerente del periódico, para que integrara la nómina de sus columnistas. Me gustó el reto y acepté ese ejercicio desgastante, a sabiendas de mi incapacidad de síntesis (nada menos que novelista) y la necesidad de resumir en 450 palabras el tema que fuera a desarrollar, como me lo indicó Martha Myriam Páez, jefe de redacción. Esos eran mis dos mayores obstáculos a vencer.

Escritores, pintores, músicos, actores, en fin, la fauna cultural, fueron objeto de mi preocupación, tratando de ayudar a divulgar y en muchos casos a descubrir sus valiosas contribuciones al bienestar de la ciudad.

No puedo negar que a lo largo de estos 18 años algunas ocasiones abordé también temas que tenían que ver con el momento social y político, simplemente como ciudadano, nunca como especialista, afición tan común en los columnistas de la región, para quienes el ejercicio de la política es su fin último. Gané unas cuantas advertencias, de las cuales no escapan los opinadores en tiempos de crisis.

Sólo me ausenté de escribir mi columna el equivalente a dos meses, tal vez 8 columnas, cuando el corazón me falló y tuve que entrar a reparación en el insoportable frío de un quirófano en Bogotá. También las semanas en que viajé a Europa en aras de presentar mis novelas publicadas en España.

Palabras más, palabras menos, quiero destacar que fueron 18 años en los que siempre conté con el estímulo y apoyo de su gerente y colaboradores, a quienes les debo permanente gratitud.

Hace cinco años, más o menos (en esto de las fechas soy un poco despistado), se empezó a reproducir mi columna de El Nuevo Día en el diario La Nación, de Neiva, por solicitud de su jefe de redacción Ricardo Areiza. Nadie me ha dado indicios sobre su incidencia, ni siquiera sé en qué día de la semana apareció y, así mismo, estoy seguro de que nadie notará mi ausencia si dejo de enviar mi colaboración.

Hoy, quiero anunciar que me retiro de este ejercicio, del que conservo inmejorables experiencias, conocimiento de personas y mucha gratitud. No voy más.

Tal vez mi decisión sea motivada por el desgaste que proporcionan los años vividos o cierto tufillo de desagradecimiento que parece adornar mi tiempo y mis ejecutorias.

Gracias al periódico y a los lectores, pocos o muchos, que son la razón de ser de un medio periodístico.

BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ

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