La amante

No hay duda de que el senador Roy Barreras ha tenido un protagonismo muy notorio en esta etapa de la política colombiana como hombre de confianza del presidente actual Juan Manuel Santos.

Sabe matizar sus intervenciones con cierto realismo crudo: por ejemplo, ha dicho últimamente que el presidente Santos está casado legítimamente, por la iglesia, no con doña Clemencia Rodríguez, sino con el partido de la U, fundado precisamente para sacar adelante la reelección del presidente Uribe.

Pero que el presidente es un tanto veleidoso y le dio por conseguirse una amante, que para los conservadores es una moza. Así que si bien vive con su legítima esposa, la señora de La U, se refresca en las tardes y sobre todo en las noches, con doña Liberalina.

Doña Liberalina es una señora ya jamona que en mucho hace recordar a la duquesa de Cornualles, que fungía de amante del príncipe Carlos de Inglaterra cuando estaba casado con la bella Lady Di, o sea, la carismática Diana Spencer. Y no obstante los encantos, innegables, de Diana, lo seducía más la duquesa ya entrada en años, un tanto ajada, pero que para él representaba la tranquilidad, la armonía, la felicidad.

Nunca alcanzó mayor venganza para un nombre ultrajado, como el de amante, que cuando la duquesa, bastante cercana a la fealdad, vapuleaba con ella a la real belleza de Diana, la princesa y futura reina de Inglaterra, pues mientras el lecho conyugal resultaba frío y sin atractivos, en cambio el otro resultaba exultante, brioso y suave al mismo tiempo.

Nunca antes, repetimos, había suspirado tanto un hombre por una amante fea, cuando tenía una esposa bellísima, emparentada con los dioses. Y terminó  la relación con el triunfo de la amante, mientras que la esposa legítima se hundía en una noche de caída, en la profundidad de los tiempos, perdiendo la vida en lucha con los paparazi que no perdonaban la chiva de cazar a la princesa con su novio egipcio. La muerte cubrió de ludibrio aquello que había podido ser estimulante. Y el príncipe Carlos, sin disparar un solo tiro, ganó la guerra y se quedó con su amante, la duquesa.

Esto es lo que puede suceder, si se descuidan los del partido de la U, que el presidente Santos se quede en los brazos de la amante, un partido liberal que sueña con él, como la duquesa y, deje a la voluntad del destino la suerte del partido de la U.

Esto desde luego no le vendría bien al senador Roy Barreras, porque lo pondría a pensar y sobre todo, a actuar, para acomodar las piezas a la nueva situación. Ya el senador Barreras no tendría que rendirle pleitesía al partido de la U, que desaparecería de la escena, urgido por su mala suerte y tendría que hacerlo con la antigua amante y ahora nueva esposa doña Liberalina, convertida en la titular por gracia del destino.

Y el presidente Santos, como el príncipe Carlos de Inglaterra se pasearía flamante con la ayer amante y hoy esposa, por todos los salones del país. Solo que el encanto de la amante habrá desaparecido y se habrá convertido en la esposa de rutina, tan legítima, pero sin el misterio que ayer no más la rodeaba y con el manto de lo prohibido.

RAÚL PACHECO

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