El crucero de la Justicia

Había un programa de televisión los domingos que se llamaba el crucero del amor, The love Boat, en donde podía ver uno a Bernie Kopell, Gavin Mac Leod y Julie Mac Coy, disfrutando de la vida burguesa, desperezándose en un crucero sobre el mar que daba para la nostalgia.

Ese programa alimentó muchas fantasías y dejó un grato sabor. Los años fueron pasando y quedó ese crucero allá metido en la bruma del recuerdo. Afortunadamente se nos volvió a presentar la oportunidad de despertar esa nostalgia, cuando supimos que la presidenta de la Corte Suprema de Justicia se hallaba en la mar junto con un notable cortejo de magistrados subalternos, entre ellos los que formaban el Trio Oro Blanco, que trataban de rendirle alguna cortesía por la cercanía de su cumpleaños. 

Y sobre todo, por lo cercana de la nominación para suplir vacantes en la Corte. Oportunidad tan calva como esa no se podía desperdiciar para llenar de atenciones a la nominadora, tan bella como cordial. A ella ,afortunadamente , la puso a salvo de cualquier mal entendido la compra de los pasajes por parte de su hijo en el día de la madre. 

Y no solamente eso, sino que ella también, no para cubrir apariencias, sino por su constante inquietud intelectual y su deseo de acierto como de estar al día, se llevó los expedientes de casos pendientes para tratar de encontrar allá en el camarote o eventualmente al lado de la piscina, la luz suficiente para producir aquellos fallos de enmarcar y que generalmente blasonan a nuestros magistrados. 

Fue una dicha tal acierto, pues de pronto gente malpensada creería que ella se desplazaba hasta la mar únicamente en función de placer, cuando lo era de trabajo, distinción que es bueno anotar para evitar suspicacias. 

Bien sabemos que el aire de la mar y su ambiente salobre son propicios a la creación y aunque una sentencia no es del todo una creación, sí puede ser un tanto más brillante que otras, que suelen ser muy ladrilludas y llenas de una jeringonza. 

La mar lleva un lenguaje castizo y claro y como que se hermana con el derecho y la buena dicción. De toda esta experiencia solo le pedimos a la honorable magistrada, que cuando publique su sentencia nos diga cúal fue la que produjo en alta mar, para que gocemos tanto de su sabiduría como de la belleza de la forma, que seguramente estará hecha en piedra de Barichara. 

RAÚL PACHECO

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