¿Quién paga los platos rotos?

En España, como en muchos otros países, los bancos se salvaron y el pueblo, para usar la expresión bien castiza, se jodió.

Esa es la clara conclusión que queda después de ver las medidas anunciadas esta semana por el presidente del gobierno conservador de España, Mariano Rajoy, como respuesta a las condiciones impuestas por la Unión Europea para el rescate de la banca española. Los platos rotos de la crisis financiera los pagará el pueblo.

Es cierto que con la ayuda del nuevo presidente francés, el socialista Hollande, se logró presionar a la conservadora canciller Merkel de Alemania para hacer un cambio en la forma del rescate, pues ya no se va a hacer como un préstamo al gobierno, que aumentaría el déficit fiscal y la deuda pública, sino que es la Unión Europea, a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob) la que va a inyectar la plata directamente a los bancos.

Por eso, al leer el borrador del “Memorando de Entendimiento” en el que los ministros de finanzas europeos detallan las 32 condiciones que se impondrán a España para poder usar los 100 mil millones de euros que le prestarán para rescatar la banca, se ve que la gran mayoría de estas condiciones se refieren a la reestructuración de los bancos y el fortalecimiento de la supervisión del sector financiero.

A la condicionalidad macroeconómica los ministros europeos solo le dedican un par de párrafos. “Hay una estrecha relación entre los equilibrios macroeconómicos, las finanzas públicas y la solidez del sector financiero y por eso el progreso con respecto a la implementación de los compromisos de reducción del déficit excesivo y con respecto a las reformas estructurales (...) será vigilado regularmente y de cerca”, dice el texto.

El objetivo es que para el 2013 España debe reducir su déficit fiscal hasta el tres por ciento del PIB, pero este plazo podría ampliarse hasta el 2014.

Aunque el convenio solo se firmará el próximo 20 de julio, el conservador Rajoy ya se anticipó a anunciar un paquete de medidas regresivas que, además, agudizarán la recesión en ese país.

Para reducir el déficit eligió la ruta de la austeridad en contra del crecimiento, recortando el gasto público y subiendo los impuestos. Y al decidir quien debía pagar los platos rotos, mostró su talante conservador y reaccionario, cargando todo el peso del ajuste sobre los trabajadores y el recorte de beneficios del estado social.

El paquete de medidas incluye el incremento del IVA del 18 al 21 por ciento, -impuesto indirecto que grava más a las clases medias y pobres-, la eliminación de la prima de navidad y la disminución de los días de vacaciones de los empleados públicos, el aumento de la edad de jubilación y el recorte del subsidio al desempleo y la reducción del descuento tributario para la compra de vivienda.


Para más adelante se anuncian otras medidas como el aumento de las tarifas de energía y la privatización  de ferrocarriles, puertos y aeropuertos.


Que hay otros caminos menos injustos para reducir el déficit lo acaba de mostrar el gobierno socialista francés, que tiene que alcanzar un objetivo similar al de España.


Para lograrlo adoptó medidas como un impuesto del 45 por ciento para los beneficios corporativos y otro excepcional, del 75 por ciento, destinado a quienes ganen más de un millón de euros al año.


Además se limitarán las exenciones fiscales otorgadas durante los últimos años a las grandes empresas (¿confianza inversionista?) y se eliminará el aumento al IVA decretado en el gobierno del conservador Sarkozy.


Con gobiernos liberales y progresistas si es posible que los platos rotos de las crisis no los paguen los pobres y los trabajadores.

MAURICIO CABRERA GALVIS

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