Reacciones tardías

Un riesgo que corre un paciente con una enfermedad grave es que su médico se demore en diagnosticarla y, por lo tanto, en empezar el tratamiento.

En muchos casos la tardanza, así sea cuestión de meses, puede ser mortal. Esa demora en el diagnóstico es el que se está dando frente a la desaceleración de la economía colombiana y en particular de la industria.

Esta semana el presidente de la Andi anunció con cara de gran preocupación, que las cifras de la encuesta del gremio mostraban que en el mes de mayo la industria colombiana se había desacelerado, pues su crecimiento anual había sido solo de 2.2 por ciento, mientras que un año atrás había sido del 6.3 por ciento.


Como para el gremio de los industriales la causa de esta caída es la revaluación del peso, pidieron al Banco de la República que aumentara la compra de dólares para frenarla. La misma petición hizo el presidente Santos en su discurso de instalación del Congreso.


El diagnóstico es correcto pero llega unos meses tarde. Cuando se conocieron las cifras del mes de marzo la Andi y también el gobierno, se mostraban tranquilos porque al mirar el año completo la producción industrial mostraba un incremento del 4.1 por ciento y la economía en su conjunto el 4.7 por ciento; el ritmo de crecimiento era un poco más bajo que el año anterior, pero todavía aceptable y por eso hablaban de un “aterrizaje suave”.


La verdad es que las cifras del Dane mostraron la caída del producción industrial desde el pasado mes de marzo, cuando registró una variación anual negativa de -1.5 por ciento, que se empeoró en abril cuando la caída fue del 2.8 por ciento frente a un crecimiento del 5.0 por ciento que había registrado en los mismos meses del 2011. Los síntomas ya eran evidentes, pero los médicos se demoraron en verlos.


Algo similar está pasando con la situación del comercio exterior, donde las cifras acumuladas desde enero hasta mayo siguen mostrando un superávit de USD 3.000 millones, pero el desplome de los precios del petróleo ha marcado un radical cambio de tendencia toda vez que en el mes de mayo este superávit fue de solo USD 20 millones.


Estamos muy cerca del punto en que compramos más productos importados que los que vendemos en el exterior, pues las exportaciones solo están creciendo un 1.2 por ciento mientras que las importaciones lo hacen a una tasa del 10.5 por ciento.


Aunque el diagnóstico sea tardío, sí es correcto el análisis del gobierno y los gremios al atribuir este debilitamiento de la economía a la revaluación del peso.


Pero para evitarla no es suficiente pedirle al Banco de la República que compre más dólares, pues esto equivale a atacar los síntomas de la enfermedad pero no sus causas.


El origen del exceso de dólares es la entrada de capitales y el aumento de la deuda externa, y hay que imponer controles y tomar medidas que desestimulen estos ingresos como los está haciendo el Brasil con buenos resultados.

Más grave para el paciente que una demora en el diagnóstico es la demora en empezar el tratamiento.

* Adenda: Algo extraño está pasando con las cifras de empleo. No parece lógico que en el mes de mayo en la industria la producción caiga 0.3 por ciento y el empleo suba 1.1 por ciento, ni que en el comercio las ventas solo crezcan 0.9 por ciento y el empleo 6.5 por ciento.

Los empresarios no acostumbran contratar trabajadores para producir o vender menos. La contradicción es mayor con las cifras de la Encuesta de Hogares del mismo Dane, que muestra que el número de personas que dicen estar trabajando en la industria manufacturera aumentó 6.3 por ciento en el último trimestre.



MAURICIO CABRERA GALVIS

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