Receta para cocinar con mermelada

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Ponga a freír en los medios siete porciones diarias de noticias sobre la corrupción regional. Cuando esté cocinada la indignación del populacho, quíteles las regalías: es por una buena causa. No ejecute los recursos, guárdelos muy bien de manera que tenga la billetera gorda y corrupta para las elecciones.

Distribuya la mermelada de manera estratégica. Escoja por ejemplo, aquellos municipios de la costa donde la gente, por salud, guarda silencio. Caliente en el horno de manera extra rápida los suculentos contratos que aseguren los recursos para comprar votos al por mayor. Nada de planeación de las obras, que va, contrate al mismo tiempo acueducto, alcantarillado, viviendas, calles, carreteras, así todo sea en un mismo pueblo, como Sahagún, no importa que se vuelva un caos. Obras que podrían costar 20 mil millones de pesos contrátelas por 100 mil millones y aclarémoslo de una vez por todas y sin asco: no se trata de obtener los votos como retribución de la efectiva inversión, sino por el excedente efectivo de las obras sobre costeadas, ¿o es que en el Tolima votamos a los senadores de la costa porque nos gusta cómo pavimentan las calles de Sahagún?

Cambiada la mermelada por efectivo diríjase a un departamento que tenga menos de dos cucharaditas de carácter, con políticos a la venta, cuyo liderazgo sea un hazmerreír. Con cinco tazas de división y envidia verá que los candidatos a la Cámara hacen extrañas fórmulas con senadores foráneos. Nuestro concepto de región tiene la estatura de nuestros líderes y todos caben en el dedo pulgar. No es un asunto de ideas, se trata de asegurar la logística electoral, aunque es probable que algunos de nuestros representantes estén fascinados con el Plan de Desarrollo de Córdoba.

Tome un paquete de tarjetones de esos que extrañamente nunca llegaron a las mesas de votación, y distribúyalos junto a montones de efectivo. Llame al populacho, esos que usted y su recua de antecesores se aseguran de mantener con hambre. Entrégueles un tarjetón ya marcado como una forma de alfabetizarlos para que no haya errores en tan complejo procedimiento. Pídales que se acerquen a la mesa de votación, reclamen su tarjetón y lo guarden, depositen en la urna el tarjetón que usted les dio previamente marcado y que regresen a entregarle el tarjetón sin marcar por el cual recibirán una suma entre 30 a 60 mil pesos.

Repita el procedimiento en miles de mesas de votación. Encontrará departamentos como el Tolima, donde sus líderes carecen de vergüenza y son capaces de mirarse en un espejo sin el menor escrúpulo (por lo menos en Sahagún están contratadas las obras).

Si siente que se le puede quemar la reelección en la puerta del horno, gástese horas enteras por los noticieros mostrando unos tiernos chigüiros sedientos. Como esas simpáticas ratas gigantes no pueden sobrevivir con la Ley de Garantías, declare la emergencia en todo el Oriente y arranque a contratar.

Si tiene culillo prepare otra caja menor; tumbe a un alcalde distrital, muestre en las noticias todo lo que falta por hacer en Bogotá, diseñe un plan de choque y aproveche el break de 20 días que permite contratar entre primera y segunda vuelta,y hágale, que la política no es de ideas porque estos nuevos caudillos miserables a duras penas saben leer. La política es con billete y sin asco amiguitos.

RICARDO CADAVID

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