Colombian lives matter

Black Lives Matter es un movimiento originado por la comunidad afroamericana desde el año 2013, que nació en rechazo, según ellos, a la “poca importancia que tenían las vidas negras” en los Estados Unidos, esto después de la absolución de George Zimmerman, miembro de un grupo de vigilancia privada, quien asesinó a Trayvon Martin, un afroamericano de 17 años de edad. El episodio más reciente ocurrió el pasado mes de mayo, cuando George Floyd, un ciudadano afroamericano fue asesinado por unos policías en Minneapolis –Estados Unidos-. El mensaje es claro, todas las vidas importan.
PUBLICIDAD

No podemos entonces pretender que en Colombia el mensaje sea diferente, pues todas las vidas importan, la de Javier Ordóñez, sólo por citar una de las tantas víctimas, quien fue brutalmente asesinado, todo indica, a manos de unos sujetos que pertenecen a la Policía Nacional, la Institución que tiene la obligación constitucional, legal, reglamentaria, histórica, ética y moral de protegernos.

Los ciudadanos reclamamos justicia, pero flaco favor le hacen al momento actual, tanto los que pretenden minimizar lo ocurrido con Ordóñez y reducirlo a una simple manzana podrida, como aquellos que incendian a los violentos en busca de un estallido social. ¡No señores! Así no es, pues, por un lado, la violencia no la derrotamos con violencia, eso está claro, la derrotamos de forma activa, sin violencia y sin vandalismo, pues como diría Mahatma Gandhi, “ojo por ojo y el mundo acabará ciego”. Pero, por otro lado, tengamos en cuenta también que a las manzanas podridas las incorpora la Policía nacional y en consecuencia es ésta quien debe responder ante nosotros, pues el rompimiento del pacto social es de la Institución hacia los ciudadanos y no la contrario.

Necesitamos justicia en términos de oportunidad y firmeza que nos lleve a la reconciliación, la impunidad continuará avivando la inconformidad de los ciudadanos hacia las instituciones y, por supuesto, hacia quienes las dirigen, pero también debe conducir, la situación actual, a un cambio institucional y estructural que socave los cimientos del bandolerismo estatal y nos conduzca a un nuevo pacto que nos reconcilie como sociedad y nos conduzca a una gran reforma.

“No existe nada llamado libertad parcial” decía Nelson Mandela y no olvidemos que la lucha por la conquista de los derechos y las libertades a lo largo de la historia no ha sido fácil, pues nunca el camino estará lo suficientemente despejado para no caer atrapado en las incertidumbres de esta nueva era y es por eso que necesitamos cambiar una coexistencia que nos limita y mantiene un equilibrio que tal vez no responde al interés general y el bien común, entonces nos atañe aprovechar aquellas circunstancias que vienen acompañadas de una profunda crisis institucional para que se pueda impulsar el cambio y podamos alcanzar la transformación de la sociedad, con un gran pacto que es lo que necesita Colombia, sin violencia porque todas las vidas importan, que no se nos olvide jamás.

CAMILO ERNESTO OSSA B.

Comentarios