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La joya de la Constitución

Rodrigo Uprimny, resaltaba hace pocos días en su columna semanal de El Espectador, que la Constitución de 1991 ha logrado avances democráticos trascendentales, consolidando un país en paz, diverso y participativo. Estas conquistas democráticas y humanistas, se alcanzaron principalmente por su amplia carta de derechos. En especial,  por la vigencia de la tutela como mecanismo de protección judicial de derechos. Sin embargo, aquí y ahora,  al maestro Uprimny  le preocupa que en esta coyuntura histórica, las cosas puedan terminar muy mal, con regresión autoritaria, auge de violencia y recrudecimiento del conflicto armado. Para colmo de males y preocupaciones, anotaba algo tenebroso y preocupante: “La Constitución misma está en peligro”. 
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Buscando salidas a esta predecible debacle constitucional, Rodrigo Uprimny propone un novedoso encuentro entre la “democracia callejera” que se expresa en las protestas y movilizaciones y “nuestras instituciones constitucionales. Un diálogo abierto, entre Estado y ciudadanos. Con énfasis, claro está, en el nuevo y vigoroso surgimiento del movimiento juvenil, que ojalá logre caminos institucionales duraderos de diálogo y concertación, orientados a conquistar cambios políticos y sociales de urgente reclamo histórico.   

Buena propuesta, pero sin recepción en las altas esferas gubernamentales, que la juegan por el lado de la represión al movimiento juvenil y social, como se ha evidenciado en los últimos hechos represivos en importantes capitales nacionales como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla. 

En este oscuro panorama institucional,  el presidente de la Corte Constitucional, magistrado Antonio José Lizarazo, en una interesante y pedagógica entrevista en un diario nacional, concedida el pasado 4 de julio, reiteró que la Constitución de 1991, “como ninguna otra en 200 años de vida republicana” ha logrado acercar a los colombianos al Estado, y hacer realidad nuestra carta de derechos. Y, sustenta su afirmación fundamentado en un dato súper interesante: desde que se creó la acción de tutela en 1992, la Corte Constitucional ha recibido ocho millones de actuaciones. Y, para no quedarse en el pasado, trae un apoyo especial, y actual: entre enero y abril de este año, la Corte Constitucional recibió 149.098 tutelas, orientadas especialmente en procura de hacer realidad, de manera oportuna derechos de petición, salud y debido proceso. O sea, la Tutela continua vivita y coleando, en la defensa cotidiana de los derechos fundamentales de las personas.  

Sin embargo, -anota el Magistrado Lizarazo- se encuentran vigentes muchas apuestas contenidas en la Constitución que aún no han logrado alcanzarse, y que requieren materializarse: la paz, la igualdad social, participación democrática más vigorosa. Y una falla grave, resaltada por el mencionado Magistrado: el 66 % de las decisiones de tutela no se están cumpliendo. Gravísima situación. Necesitamos entonces, fortalecer la joya de la Constitución.

CAMILO A. GONZÁLEZ PACHECO

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