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La constitución es el camino

“Hace treinta años y con muchas esperanzas, los colombianos adoptamos una nueva Constitución”, sentenció hace pocos días y con motivo de la celebración de un nuevo año de vida de nuestra Carta, el expresidente de la Corte Constitucional de Colombia José Gregorio Hernández Galindo, en un documento publicado por un importante centro académico nacional. Anotaba igualmente, que uno de los grandes retos de la nueva Constitución, lo establecía el consolidar un Estado claramente democrático, liberal, participativo, pluralista y garantista.
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Y, resaltaba los principales avances de la Constitución Política de Colombia: Fortaleció el sistema democrático, impulsó reivindicaciones de amplios sectores tradicionalmente marginados plasmó una formidable carta de derechos fundamentales, políticos, sociales, económicos, colectivos. Derogó el autoritario Estado de Sitio y estipuló límites transcendentales a las facultades presidenciales bajo los nuevos estados de excepción. 

En materia de Derechos Humanos, fue evidente el progreso: 

Estableció mecanismos de protección para asegurar el respeto a la dignidad humana y a los derechos esenciales, incorporó los avances del derecho internacional en materia de Derechos Humanos, y dio lugar al denominado Bloque de Constitucionalidad. 

Entonces, el gran reto sigue siendo -como lo destacaron en un reciente foro constitucional, Humberto de la Calle, Antonio Navarro, Manuel José Cepeda, Fernando Carrillo – cumplir la Constitución. Lo resalta el Magistrado ya citado “con el fin de fortalecer la unidad de la nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz”. Así de sencillo. No es necesaria una nueva, para superar las dificultades políticas y sociales presentes. Se necesitan pocos ajustes, en procura de  mantener su dinámica vigencia. 

Es justo y necesario, y de manera urgente para esta coyuntura histórica que resalta el papel protagónico y los nuevos liderazgos en la juventud movilizada, consolidar diálogos cívicos, democráticos, ciudadanos e institucionales con los jóvenes. Construir con ellos agendas sociales en las regiones donde ejercen liderazgo. Escucharlos. Buscar acuerdos y consensos políticos. 

Todos los caminos están consagrados en la Constitución. No es necesaria una nueva Constitución. Ni tampoco, convocar otra Asamblea Constituyente, para elaborar una nueva como lo proponen algunos seguidores del ejemplo de Chile, que para esta ocasión no tiene asidero con las realidades políticas y sociales de Colombia. 

Lo que hay que hacer es cumplir nuestra Constitución Política. Y avanzar – como lo han propuesto conocedores del tema constitucional, entre ellos John Sudarsky-  en la concreción de varios  asuntos, entre los que se encuentran los relacionados con mecanismos de participación, democracia directa, defensa de derechos con la tutela y derechos de petición. Igualmente profundizar en democracia deliberativa, en especial, en los procesos de planeación participativa.

 

CAMILO GONZÁLEZ PACHECO

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