Insolentes – pobres, pero soñadores

José Javier Capera Figueroa

El día había transcurrido como cualquier otro, no se sentían aires de malestar ni gotas de dolor, era aquellos jóvenes ya cansados y solo con el deseo de hacer nada más que dormir, es el relato que se puede leer en las calles del metro Candelaria en la ciudad de México – acá se puede observar los desastres que ha generado el capitalismo y la barbarie que viene de tomar un puesto en el metro hasta buscar una posibilidad de empleo.

Es México el país de las maravillas, pero a su vez es el país de las grandes catástrofes del capital, acá la burbuja especulativa ha encarecido todo desde un simple cuarto que puede costar 2000- 15000 o más MXN hasta la supervivencia diaria por sobrevivir. Ya fue bien descrito por Karl Marx cuando asumía que “el trabajo vivo en si es el que determina la características de la realidad” pero ya no es el trabajo solamente en sí – sino el capital el que condiciona la necesidad de intentar vivir dignamente.

Los procesos que ha dejado el capitalismo son múltiples desde sangrientas guerras en los países mal llamados periferias hasta la hambruna como narra el maestro Armando Bartra: “La debacle civilizatoria multidimensional, cuyo epítome es el hambre, y el talante carnavalesco que adoptan las protestas sociales testimonia el desfondamiento de la modernidad” véase: http://www.proceso.com.mx/353667/hambre-y-carnaval-de-armando-bartra y es así, acá el proceso de acumulación de capitales y la expansión del extractivismo epistémico, racial, cultural y económico ha llevado a que lo “humano” pierda su sentido para sí. Y es la muestra fehaciente de como ciudades se han convierto en nichos de violencia, corrupción, declive político y si es posible razones inciertas para vivir.

Todo este fenómeno civilizatorio lo han descrito teóricos como el maestro Eduardo Sandoval Forero, John Saxe Fernández, Luis Martínez Andrade, Leonardo Boff entre otros. Y es precisamente la crítica a las contradicciones que ha dejado el capital y se ha perpetuado en el imaginario de los ciudadanos. Lo mencionaba en alguna clase un maestro al cual estimo mucho, es un teórico de estos asuntos y decía “No se trata de tener ciudadanos críticos frente a la relación público – privado en el capitalismo, lo necesario es que existan ciudadanos permisibles con la realidad e indiferente con los fenómenos de su cotidianidad esos son los que necesitan reflexionar sobre su condición”.

Lo cual me sitúa en este enunciado “Insolentes – Pobres pero Soñadores” los primeros aquellos insolentes que no dejan de soñar y buscar mil maneras de construir procesos de insurgencias, rebeldías y revoluciones desde los pueblos hasta las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas que en su diario vivir proponer formas y modelos alternos de vivir en medio de la crisis civilizatoria del capitalismo. Pero también esos pobres sin sueños, ingratos y acomodados del capital que sólo les interesa su beneficio personal, intransferible y egoísta son la muestra de la barbarie por naturalizar la crisis de estos tiempos.

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