23 de Noviembre del 2017
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Capera Figueroa José Javier
20 May 2017 - 3:01am

Buenaventura se respeta, ¡carajo!

Publicada por
JOSÉ JAVIER CAPERA FIGUEROA
Autor:

La situación política tan compleja que atraviesa el puerto más importante de Colombia es el resultado del abandono estatal, la corrupción y las prácticas políticas tradicionales al interior del territorio, es la muestra del desbordamiento de nuestra cultura política y en particular del juego de las élites económicas, políticas y culturales en el poder, si esa que por más de medio siglo tiene subsumido al puerto en un estado de pobreza, violencia, desempleo, injusticia y masacres, entre otras problemáticas, que constituyen la realidad de la tierra de nuestro querido Petronio Álvarez.

En Buenaventura, ya se hizo común escuchar cada 4 años el discurso de alcaldes, concejales, disputados, ministros y hasta el mismo presidente haciendo promesas de toda índole. Una serie de ofrecimientos a medias y otros incumplidos totalmente desde que el plan Pacífico sería “supuestamente” la alternativa política correcta para garantizar un mejor vivir a la tierra del arrecho, el viche, el viudo de pescado, el borojó y el chontaduro y muchas cosas más que constituyen la inmensidad del Pacifico colombiano.

Pero como lo sabemos tarde que temprano toda esta lógica, se llenaría de vicios, actos de corrupción, impunidad, clientelismo y todo lentamente iría para atrás, hasta llegar a ver a distintos sectores sociales de izquierda, asociaciones de paleros, pescadores, volqueteros, consejos comunitarios, juntas de acción comunal, iglesias cristinas, sindicatos, es decir, más de 80 organizaciones unidas manifestando y demostrando que la unión hace la fuerza, aún más cuando viene desde los de abajo. Véase: http://josecaperafigueroa.blogspot.mx/

Una fuerte organización en forma de comités en los distintos barrios y llenos del sabor, la alegría, la solidaridad y la arrechera que caracteriza a los hombres y mujeres bonaverenses, se dio marcha sin parar, al Paro Cívico de carácter pacífico más importante en los últimos 40 años que se lograra presenciar en la tierra del currulao y la brisa del océano, “mi bello puerto del mar mi Buenaventura”.

Una gran ola de ciudadanos comprometidos con la construcción de “otra” realidad política para el Puerto hicieron uso de la protesta social y por medio de consignas como “el pueblo no se rinde carajo”, “agüita de lulo” y “Buenaventura se respeta, carajo” logramos presenciar el temor que corre en las venas de la clase política tradicional de la región, un pueblo organizado, movilizándose y lleno de razones para exigir mejores condiciones de vida, un mejor sistema de salud, un tipo de educación pertinente, crítica y congruente con las necesidades del territorio, pero en especial los cambios de la cultura política que demanda y requiere las nuevas generaciones que nacimos, habitamos y convivimos en cada espacio de nuestra querida pero herida Buenaventura.

En estos momentos, sale a relucir el cinismo del Alcalde que señala “ese Paro Cívico no dura más de dos días, es un paro de rebuscadores” que lastima ver como la máxima autoridad no apoya la organización de las familias, trabajadores, rebuscadores gente humilde que se levanta todo los días buscando un mejor vivir para puerto. Por el contrario, el debería ser la primera persona en estar marchando, apoyando y facilitando todos los medios para que los ciudadanos expresen sus inconformidades frente a este gobierno que los ha olvidado y pareciera que les viera la cara de ingenuos.

En últimas, lo sabemos mejor, aquellos que vivimos, nacimos y deseamos una ciudad distinta, aquí los responsables deben salir a flote empezando por el gobierno nacional y terminando con las distintas administraciones municipales, que ha incumplido el llamando plan de choque, pero ahora la ciudad demanda respuestas y soluciones concretas. Tal como lo señala, el lema del Comité del Paro Cívico “Para vivir con dignidad y en paz en el territorio” necesitamos una mejor cobertura en salud, educación, empleo, el fortalecimiento de la producción local, las garantías de participación política todo esto y más, sin dejar de soñar y vivir en ese Buenaventura, que desde pequeños nos golpeó con la brisa, nos bañaba el mar y nos acariciaba el sabor de la tierra en un ambiente de paz en las familias.

caperafigueroa@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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