Cuando la forma afecta al fondo

Sorprenden las estadísticas de consumo de drogas, pero peor aún la cada vez más abierta, descarnada y descarada forma de consumirlas. Advierto que no tengo nada en contra de quienes han decidido consumirlas pues su decisión supone una deliberación interna que se debe respetar, pero no por eso debo estar de acuerdo con algunas conductas que definitivamente lesionan la tranquilidad de la comunidad.

Me refiero a personas que arman, prenden y fuman su cigarrillo de marihuana en un bus o buseta de transporte público en frente de las demás personas sin importarles nada, un caso que cada vez más se repite ante la ausencia de controles al respecto. Otra situación bien particular es la de conductores de taxi que conducen bajo los efectos de la marihuana. Me ha sucedido en varias ocasiones que al subir a uno de estos vehículos percibo el olor del humo de la marihuana y noto inmediatamente que el conductor está bajo los efectos de la droga.

En una oportunidad hablé con uno de ellos y le expresé que aunque no estaba en contra del consumo de marihuana, me parecía que debía tener cuidado al conducir bajo sus efectos pues los reflejos no eran los mismos y debía considerar que llevaba pasajeros bajo su responsabilidad, a lo que me respondió: “¡hermano, yo hago en mi taxi lo que se me da la gana y si no le gustó entonces bájese!”, por supuesto me bajé del vehículo y el taxista continuó a gran velocidad.

Le pregunté a un agente de tránsito qué podían hacer ellos al respecto y este señor me respondió: “ahí no hay nada que se pueda hacer, porque va uno y detiene el vehículo y se gana es un problema; lo único es que la persona sea sorprendida en el momento en que consume y se le puede retener el vehículo”. ¡Increíble!

Fue en Suecia donde un grupo de científicos del Instituto Karolinska desarrolló un mecanismo que a través del aliento, detecta en el organismo la presencia de drogas, algo similar a los actuales controles de alcoholemia. Este aparato identifica restos de anfetaminas, metanfetaminas, cannabis, cocaína y heroína a través de una técnica llamada cromatografía líquida-espectrometría de masas (LC-MS, por sus siglas en inglés) que reconoce microscópicas partículas en aerosol que viajan en el aire espirado por una persona. Estas partículas quedan almacenadas en un filtro para ser analizadas.

Esta nueva herramienta se usa en los controles de carretera, al momento de establecer responsabilidades en accidentes, en el ámbito laboral, en investigaciones policiales, entre otros. Un tema de cuidado, más cuando resultados de un estudio desarrollado por Andy LaFrate, presidente y Director de Charas Scientific, un laboratorio de Colorado, en Estados Unidos, demostraron que los niveles de tetrahidrocannabinol (THC) presentes en el cannabis son ahora tres veces mayores de lo que solían ser en los años 80.

Es evidente que las autoridades competentes deben poner atención a este respecto y es evidente también que expresiones como las que he relatado son una nube negra frente a los argumentos de quienes defienden el consumo y la despenalización.

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