Turismo psicoactivo o experiencia trascendental (4)

Federico Cárdenas Jiménez

Es indiscutible que el uso de la Ayahuasca ha adquirido proporciones impensables, a tal punto que su uso fue aprovechado económicamente por lo que la comunidad indígena de los Cofán llamó “la primera multinacional ayahuasquera del mundo”; obviamente ante una demanda tiene que aparecer por lo menos una oferta.

La denuncia internacional que la comunidad de los Cofán interpuso en 2015 contra Alberto José Varela, director de “Ayahuasca Internacional”, puso en entredicho el auge de las ceremonias de toma de yagé en Colombia y en evidencia el creciente mercado de turismo psicoactivo en el país, que hoy día sigue disparado.

Por un lado, los Cofán dijeron que nunca autorizaron a Varela para que hiciera ceremonias de yagé en su nombre y por otro, no era cierto que Varela hacía estas ceremonias para enviar dinero a esta comunidad en procura de mejorarles su bienestar y calidad de vida como así lo publicitaba abiertamente dicho empresario.

Lo que sí fue cierto era que este personaje no sólo estaba llevando el yagé de Colombia para el exterior sino que, luego de haber aprendido a elaborarlo, fundó la “Escuela Europea Ayahuasquera” en donde formaba a personas en habilidades de dirección de este tipo de ceremonias para luego enviarlas por el mundo a desarrollar rituales de toma de yagé, personas que, según los Cofán, carecían de conocimiento y preparación y que además, vendían ‘el remedio’ a cualquier creyente sin ningún control, no sólo aprovechándose de la ignorancia, la credulidad y la vulnerabilidad de muchas personas, sino poniendo en serio riesgo la vida y la salud de los participantes que acudían a sus ceremonias.

Como un dato simpático puede referirse que estos facilitadores de las ceremonias no tomaban el yagé en las sesiones, algo que indudablemente iba en contra de la tradición ayahuasquera de los pueblos indígenas, donde quien modera es el que participa a los demás de la bebida.

Agresivas técnicas de marketing usa Varela con el objetivo de masificar el uso del yagé y sacar buena rentabilidad de este negocio –dijeron en aquel momento los Cofán-; también en redes sociales anunciaba y distribuía yagé sin control alguno a través de su otra empresa “Ayahuasca Planet”: comenzaron a aparecer testimonios reveladores en diversos medios de comunicación relacionados con las inadecuadas prácticas de toma de yagé en las que se responsabilizaba directamente al cerebro de esta multinacional.

Varela expresó como defensa en su momento que la Ayahuasca no era propiedad de ninguna etnia indígena ni de ningún país, sino que era un patrimonio de la humanidad y que por tanto, todo el mundo tenía derecho a conocerla y acceder a ella.

Como apoyo, fue pública la famosa “Carta de los 100”, un pronunciamiento de respaldo a la comunidad de los Cofán y en contra de las actividades irresponsables de Alberto José Varela y su empresa “Ayahuasca Internacional”. Este documento lo integraron un centenar de investigadores, docentes y científicos especialistas en estos temas:

“Los abajo firmantes queremos manifestar nuestra preocupación por la proliferación en Colombia, y en otros muchos países, de un modelo de negocio en torno al Yagé (Ayahuasca) con el único propósito de lucrarse, muy irrespetuoso con la planta, su manejo, y el carácter sagrado que le otorgan los pueblos originarios y las poblaciones mestizas del suroccidente colombiano”, decía la carta.

Varela anunciaba a las gentes del mundo, sin ser cierto según la misma “Carta de los 100”, que Taitas reconocidos de la tradición ayahuasquera colombiana como Víctor Queta, Taita Querubín Queta, Taita Juan Jamioy, Taita Alfonso Males Jamioy, Taita Juan Males Jamioy, Taita Biron Piajuaje y Taita Humberto, formaban parte de su organización.

Discurso que con seguridad caló en la expectativa de muchas personas que terminaron siendo parte de un turismo psicoactivo y no de una experiencia trascendental.

Infórmese bien antes de consumir.

federic.cj@gmail.com

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