“Todo extremo 
es vicioso”

Así decían los bisabuelos y agregaban: “solo vale ser extremadamente honesto, respetuoso y solidario”, y creo que si esos valores se hubieran arraigado en la ciudadanía, Colombia sería un paraíso. Infortunadamente esos valores han sido suplantados por sus opuestos y el resultado es una sociedad formada en la inequidad social y la violencia, fragmentada, desconfiada y excluyente. Peor aún, con una juventud presa de angustia y desesperanza; escéptica y dispuesta a emigrar a donde quiera que vislumbre alguna oportunidad de trabajo para lograr una vida digna, porque aquí no la encuentra. En el ámbito de la política hoy se habla de la extrema izquierda y de la extrema derecha y a unos y otros se les responsabiliza de haber generado los peores males que enfrenta el país porque quienes militan en esos espacios no pierden oportunidad para estimular la violencia y el odio contra aquellos a quienes consideran, no sus contradictores sino sus enemigos. Basta observar sus mensajes, el lenguaje y el tono que utilizan, siempre energúmenos y amenazantes; no escuchan, no aceptan la posibilidad de que otros tengan algo de razón porque la única verdad es la suya; el fundamentalismo y el autoritarismo son sus distintivos. De modo similar se comportan hoy los fanáticos militantes de los partidos políticos tradicionales, debilitados y degradados.
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Y en tiempos de campaña electoral, es una estrategia en que coinciden tanto la extrema izquierda como la derecha, decir que fuera de ellas no hay nada, que el “centro” no existe y acusan de tibios, indecisos, carentes de identidad y de berraquera a quienes se ubican allí. Si bien en el ámbito político este concepto puede generar algún escepticismo, hoy en Colombia constituye el único espacio posible para quienes repudiamos los extremos porque consideramos que esa fórmula se agotó, o mejor, agotó a la ciudadanía. Entre tanto, el centro es un espacio muy amplio y somos una enorme mayoría quienes preferimos ubicarnos allí, porque estamos hastiados de la violencia, la corrupción, la politiquería, la mentira, la inequidad social y la injusticia, que hemos padecido por tantas décadas. Sabemos que merecemos una vida digna y ella es posible cuando superemos los factores que generan aquellos males.

Ahora, cuando se acerca la campaña para elegir Presidente y parlamento, las posturas extremas se exacerban y sus representantes hacen declaraciones por doquier, siempre cargadas de insultos contra sus opuestos; prometen corregir milagrosamente los males de los cuales son coautores, seguros de que no cumplirán, pero no les importa porque su único interés es tomar el poder para su propio beneficio y para avasallar a los demás. Por todo eso y mucho más, bienvenida la “Coalición de la Esperanza” que se ubica en ese centro que incluye todos los matices, vertientes y posiciones políticas y de otro orden que quieran sumarse, con la única condición de que compartamos el compromiso de sacar adelante a Colombia y probar que el fundamentalismo de los extremistas ha hecho mucho daño y ahora es el turno “del justo medio”. El “estallido social” que vivimos en meses anteriores, impulsado especialmente por la angustia y la desesperanza de los jóvenes -que si bien dio lugar a estragos repudiables- permite pensar que también la gente joven rechaza cuanto representa la extrema izquierda devastadora que para este país puede significar “un salto al vacío”, así como la extrema derecha avasalladora y excluyente, y los derruidos partidos políticos tradicionales. Su tiempo se agotó y Colombia es otra, la sangre derramada y el sufrimiento la han transformado; ahora, cuando se suma la desbordante energía de la juventud, tenemos la esperanza de que aprovechando las elecciones de 2022 logremos rescatar al país, superando el voto negociado, la abstención, la indolencia y la ceguera.

CARMEN INÉS CRUZ

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