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Dos amonestaciones memorables

Fue Policarpa Salabarrieta quien, el 14 de noviembre de 1817 exclamó:

“…¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conociérais el precio de la libertad! Pero no es tarde: ved que -aunque mujer y joven- me sobra valor para sufrir esta muerte y mil muertes más […] Miserable pueblo, yo os compadezco. ¡Algún día tendréis más dignidad! […]”
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La Pola, como también se conoce a esta heroína de la independencia de Colombia,  nació en Cundinamarca y durante la Reconquista Española fue fusilada en la Plaza Mayor de Bogotá, cuando apenas tenía 21 años.

Muchas décadas después, “en tiempos de chulavitas y frentenacionalistas”, recibimos otra memorable amonestación, ahora de un tolimense admirable: Darío Echandía, quien expresó: “Colombia es un país de cafres” y, posteriormente, cuando le preguntaron sobre esa expresión dijo: “no recuerdo haberla dicho pero si la dije les pido excusa a los cafres”. Comparaba así a los colombianos con una tribu africana con un alto grado de degradación física y espiritual.

Por supuesto que duele y avergüenza que se nos califique así, pero debemos aceptar que tenían razón, y si vivieran hoy, quedarían devastados al comprobar que no se equivocaron. Peor ahora, porque teniendo tantos y tan valiosos recursos y oportunidades el país se mantiene sumido en la violencia, la corrupción, la politiquería, la injusticia y la inseguridad; donde una inmensa mayoría de la población sufre pobreza y exclusión mientras una pequeñísima minoría ostenta el poder para su exclusivo beneficio.

Resulta difícil entender que como sociedad no hayamos aprovechado el esfuerzo y sacrificio de tantas personas valiosas que nos precedieron, y tampoco hayamos aprovechado el hecho de que convivimos en una democracia, imperfecta sí, pero con algunos resquicios que dejan en nuestras manos la posibilidad de quitarnos de encima a quienes nos avasallan y hacen tanto daño.

Lamentarnos, quejarnos, criticar y denunciar los atropellos que han hecho de ésta una sociedad sumida en la pobreza, el miedo y la desesperanza, no es la fórmula. Tampoco la acción de guerrillas, fuerzas paramilitares, pandillas sicariales u otras organizaciones de ese orden, porque ellas solo prolongan y agudizan el sufrimiento.

¿Cómo no entendemos que votar por los politiqueros y oportunistas de siempre, por los extremistas y pillos vestidos de ovejas, solo prolonga la tragedia de este país?. Definitivamente el voto consciente y copioso es la gran opción, la única opción. Un voto que aproveche la oportunidad excepcional que nos ofrecen las elecciones que se realizan este año para que elijamos, solo y exclusivamente, personas honestas, idóneas y confiables, que lleguen al Congreso y a la Presidencia para servir a la ciudadanía sin distingo alguno.

Qué bueno fuera que los duros mensajes referidos sean acicate e inspiración para que tomemos conciencia de que es responsabilidad de todas y todos liberar a Colombia de la pesadumbre que nos agobia, y que hoy se agudiza por la pandemia del Covid-19.

Hacer de Colombia un mejor país, está a nuestro alcance si cumplimos con el sagrado derecho y el deber de votar bien, de movilizar a la ciudadanía para que salgan del marasmo en que se encuentran y superen la indolencia y el escepticismo; para que entienda que solo nosotros podemos cambiar las cosas; que canjear el voto por unos pesos, o por promesas politiqueras que siempre incumplen, es irrespetuoso consigo mismo y con el país. Es muy grande la deuda con Colombia, con el futuro de los hijos y de las generaciones por venir, y es tiempo de comenzar a saldarla. No hay derecho a que continuemos siendo “un pueblo indolente” y “un país de cafres”.

CARMEN INÉS CRUZ

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