En el espejo de Montería

Esta semana tuve ocasión de visitar la ciudad de Montería, increíble punto de encuentro al que concurre la población de 83 municipios de Córdoba, Sucre, el bajo Cauca y Urabá. La primera dificultad que tuvo mi equipo fue encontrar un hotel con habitaciones disponibles, pues todos, y son muchos y muy buenos, estaban al 100% de ocupación. Era mi segunda visita en menos de un mes, pues hace un par de semanas había estado orientando una conferencia sobre Innovación y liderazgo a jóvenes de la Organización Nuevas Generaciones. En ese momento el equipo de gobierno de la ciudad me invitó a conocer la nueva sede de la Alcaldía, en el otrora olvidado y deprimido margen izquierdo del río.

Una breve revisión de indicadores, algunas conversaciones con empresarios y funcionarios, un recorrido para comprobar las obras de infraestructura que se han realizado en los últimos once años y la pasión con la que Marcos Daniel, en Montería al alcalde lo tratan por su nombre, fueron suficientes para organizar una reunión de trabajo con la alta dirección de la Universidad La Gran Colombia. Fuimos recibidos por varios secretarios en la mesa presidida por el alcalde, quien expresó su interés en ampliar la oferta de educación superior e hizo una presentación impresionante sobre lo que era, es y será la ciudad de Montería.

Me acompañaron, entre otros, varios directivos que, como yo, tienen su residencia formal en Ibagué y no hemos hecho otra cosa que preguntarnos y tratar de entender por qué la ‘Ciudad Musical’ no sale de su estado de estancamiento. Montería ya va a inaugurar la “línea azul”, transporte público fluvial, y su nueva Villa Olímpica no tiene nada que envidiarle a las de otras ciudades aquí o en otros países. Lo que más nos llamó la atención fue escuchar la forma como se refieren a su ciudad los monterianos: “somos una ciudad pequeña, ya no somos un pueblo grande”.

Recientemente en la ciudad de Cartagena conversamos con otros ibaguereños y los comentarios eran de otra índole: “no hay nada que hacer con este alcalde”, “los políticos no dejan hacer nada”, “los mejor es que los hijos se vayan”. Algunos sin duda, siguen siendo optimistas, como nosotros. Muchos queremos pensar el Tolima de otra manera, donde su ciudad capital sea un centro de verdadera innovación, emprendimiento y avance tecnológico. Pero toca entre todos, invirtiendo, pidiendo cuentas a los gobiernos, rechazando el clientelismo y evitando contratar con el municipio, en aras de no perder la libertad. Mis hijos aman su departamento y no aceptan por ningún motivo vivir en otra ciudad diferente a Ibagué. Ese amor por su tierra solo lo sentía en mi abuela que, no obstante, tuvo que vivir en Cali y después en Bogotá, aunque siempre visitando su amado sur del Tolima.

Queridos lectores: las cosas sí pueden cambiar, Ibagué sí puede convertirse en una ciudad del siglo XXI, entre todos, sin polarización ni egoísmos, podemos dar los primeros pasos. Como vamos el abismo se asoma y algunos quieren hacer “lo que me dé la gana”.

Ojalá las elecciones de octubre nos permitan a todos imaginarnos un futuro diferente, sin el típico cambio de votos por favores, contratos y puestos. Ojalá…

Rector Universidad La Gran Colombia

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