El miedo que paraliza

“El miedo es casi siempre el inicio del fin de la civilización, la democracia y los derechos humanos. El miedo sirve de justificación para el poder abusivo. El miedo trae consigo la docilidad, la aceptación pasiva del autoritarismo” (del texto “Desigualdad y autoritarismo en los tiempos del Covid-19”, de Alejandro Gaviria). El miedo es el sentimiento que mejor ha aprovechado la extrema derecha para mantener el statu quo y paralizar cualquier posibilidad de cambio.
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La muchedumbre enardecida salió a las calles a protestar por la muerte del abogado a manos de la Policía y ellos respondieron con plomo, matando más de una decena de manifestantes. Enseguida el Gobierno aplicó la estrategia que mejor conoce: repartir culpas a sus opositores para reforzar el miedo con el que han logrado ganar en las urnas.

A Petro lo señalaron de instigador de la violencia y el caos, nada más ingenuo creer que a punta de trinos alguien lograría despertar la ira popular. A Claudia López también la atacaron y pretendieron culpabilizarla por los desmanes de Bogotá, ella misma preguntó ¿a quién obedece la Policía?. El Ministro de Defensa declaró que el Eln había infiltrado las protestas en busca de deslegitimarlas e infundir miedo en los protestantes, nadie quiere que lo asocien con un grupo delincuencial. Desde el Ubérrimo, el Presidente eterno amenazó con toque de queda, militarizar las ciudades, sacar a la calle tanquetas y capturar los vándalos, eso ya no es miedo, es terror.

Lo han hecho siempre, de manera descarada. Les bastó con difundir mentiras como que había un plan para que Timochenko fuera el próximo presidente o que disminuirían las mesadas pensionales para pagarle el sueldo a los guerrilleros, para que ganara el “No” en el Plebiscito por la Paz. Luego, en la campaña presidencial, metieron el cuento que Petro era una especie de demonio que expropiaría tierras, acabaría con las empresas y convertiría a Colombia en la segunda Venezuela, ganaron con Duque. Ahora, cuando ven perdido el apoyo popular y su legitimidad como Gobierno está cada vez más deteriorada, no sólo pretenden mantener vigentes los muchos viejos miedos con los que han inmovilizado a la población y evitado que se produzcan las transformaciones sociales que reclaman con fuerza los jóvenes y las clases populares, sino que también pusieron de moda el “no polaricen”, así señalan con dedo inquisidor a quien se atreva a cuestionar el establecimiento.

Lograr el acceso universal a la educación, una reforma tributaria justa y equitativa, un sistema de salud desmercantilizado, una renta básica para las familias vulnerables, una economía diversificada y menos dependiente del devaluado petróleo, la implementación integral de los acuerdos de paz junto con una verdadera reforma rural, una política que proteja los ecosistemas estratégicos, entre otras reformas, no tiene nada de castrochavista y no tendría porqué producir miedo en la sociedad. Eso, especialmente los jóvenes, lo saben e interpretan muy bien.

Los cambios no se logran con pasividad, tampoco con indiferencia y mucho menos siendo presa del miedo. Quienes creen que Colombia merece un destino alejado de la violencia y el narcotráfico, y que es posible una sociedad que pueda prosperar sin dejar a nadie atrás, están llamados a “asumir el riesgo” de, en uso de la democracia, ayudar a cambiar las cosas.

CÉSAR PICÓN

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