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Metaverso

Aunque a veces no caigamos en cuenta, una parte de nuestras vidas ya esta controlada (o al menos influenciada) por algoritmos que cada vez nos conocen mejor y acaban tomando decisiones por nosotros: Waze nos dice que ruta tomar, Netflix entiende que nos gustan más las películas de terror o acción y nos sugiere que ver basándose en las selecciones previas que hacemos en la plataforma, las redes sociales nos perfilan como consumidores para bombardearnos con publicidad de productos que terminamos comprando.
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Como si eso fuera poco, un nuevo nivel de la cuarta revolución tecnológica se está desbloqueando: El Metaverso. Mundos virtuales interconectados que prometen revolucionar la vida, el trabajo, los negocios y las relaciones sociales, se están diseñando con rapidez y comienzan a acaparar la atención. Algunos expertos han señalado que en el mediano plazo, los seres humanos pasaremos más tiempo conectados en el mundo virtual que en el real. Ir de compras, asistir a un concierto o un partido de fútbol, acudir al colegio o la universidad, atender una reunión de la oficina, visitar la pareja y tener sexo con ella, entre otras tantas actividades, podremos hacerlo sin movernos del sillón de la casa ni aguantar tediosos trancones y sin importar si afuera esta cayendo un diluvio o hay una nueva ola de contagios por Covid. La realidad aumentada que vienen construyendo los grandes de la tecnología mundial y otros emprendimientos tecnológicos, lo hará posible.

En algunas ciudades de algunos mundos del Metaverso ya están vendiendo lotes para que algún inversionista los compre y construya edificios, locales comerciales y centros de entretenimiento. Se han comerciado cientos de millones de dólares en ello. Unos están diseñando las ciudades, otros construyen experiencias para los pobladores virtuales. ¿Están locos invirtiendo dinero real en ciudades que no existen? Cuando esas ciudades se repletan de visitantes, habrá mucho cliente en las esquinas tomando café mientras conversan con el amigo que vive al otro lado del mundo; llegarán familias enteras al circo, los cinemas y centros comerciales de la ciudad virtual, y estará abarrotado el estadio en el que se jugará el clásico futbolero de la fecha mientras grandes marcas y políticos que buscan ganar elecciones en el mundo real hacen publicidad en las pantallas de los estadios.

Por supuesto, hay cuestiones éticas y políticas alrededor del intento por reemplazar parte de nuestra vida real por una virtual, porque no solo se trata de una cuestión de forma, sino que lo que busca el Metaverso es que la gente pueda sentir, experimentar y vivir sensaciones humanas reales, auténticas y naturales, pero en el mundo virtual. Vendrán candentes debates sobre estos temas.

No obstante, el avance de la tecnología no se va a detener simplemente porque aparezcan grupos negacionistas que no quieren que otros se zambullan en la realidad aumentada, mucho menos si esa alternativa puede resolver problemas reales con una practicidad formidable y a muy bajo costo. Aunque tal vez todavía falten algunos años para madurar el Metaverso, vale la pena empezar a pensar cómo vamos adaptando nuestros sistemas económicos, sociales y políticos, para una vida que ya no se vivirá solamente aquí, en el mundo real.

CÉSAR PICÓN

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