El día después

Ya pasaron las elecciones y elegimos el Presidente que gobernará por los próximos 4 años. Atrás quedó la calentura de la campaña, los rifirrafes con amigos y familiares, y el santiamén de argumentos válidos, pero también los improperios y exageraciones que pulularon en redes sociales. Ahora si podemos concentrarnos en lo verdaderamente importante.
PUBLICIDAD

Nuestro nuevo Presidente tiene ahora la inmensa responsabilidad de unificar el país en torno a un verdadero propósito de cambio. Un cambio para todos, sin exclusiones. El resultado de las elecciones demuestra que si bien las mayorías entregaron un mandato soberano, hay que reconocer la otra masa inmensa de ciudadanos que vieron en el otro candidato la mejor opción, por eso, para poder gobernar con apoyo popular y tramitar las reformas que requiere el país, es necesario empezar a derribar las prevenciones y miedos que quedaron infundados en medio del fragor de la contienda electoral. ¿Como le hacemos? 

Justo el día después debe iniciar un dialogo amplio con todos los sectores convocando un gran acuerdo nacional sobre las reformas fundamentales que el país necesita, con acciones que demuestren el interés genuino por construir una sociedad en la que quepamos todos. Un acuerdo que exprese las más grandes urgencias, como parar la violencia, superar las difíciles condiciones sociales y económicas por las que pasan millones de compatriotas, proyectar la economía para que medren sectores con un inmenso potencial para generar riqueza y trabajo para millones de desempleados, volver la tierra más productiva y asegurar la soberanía alimentaria, derrotar la corrupción que ha desangrado los recursos públicos, apostar por el desarrollo de una infraestructura de avanzada, iniciar la transición energética conforme las exigencias globales en torno al cambio climático, garantizar la estabilidad de las instituciones y el cumplimiento cabal de la Constitución del 91, transformar el sistema pensional y mejorar el sistema de salud, y asegurar educación superior a toda la población.

Cualquier cambio que se ambicione democrático no podrá hacerse sobre la base de restar derechos ni libertades, ni eliminar garantías consagradas en el Estado Social de Derecho, y menos desconociendo a la otra parte del país que no comulgó con el ganador. No puede ser mediante arbitrariedades, ni saltándose los controles y contrapesos establecidos en el entramado constitucional. No puede haber lugar para una dictadura de la opinión: por más popularidad con la que pueda iniciar el mandato nuestro nuevo Presidente (que por sí estará más o menos menguada por la votación de su contrincante),  no debe ni puede llevarlo a creer que podrá gobernar a su antojo.

El tiempo de la crispación pasó. Las heridas que pudieron abrirse deben sanarse. Ahora tenemos que ponernos de acuerdo entre todos para vencer los males que aquejan a Colombia y construir un futuro prometedor. Yo voté por Petro y promoví su campaña porque siempre he considerado que reúne las condiciones para liderar ese necesario acuerdo nacional que el llamó pacto histórico. Espero haber ganado (imposible saberlo a la hora de escribir esta columna). Como sea, espero que este día después, nos permita ver más allá de la agitada disputa por el poder. Ahora quien debe ganar es Colombia y todos debemos estar dispuestos a trabajar por ello.

Cesar Picón

Comentarios