“El enemigo de mi enemigo, es mi amigo”

Mientras el senador Óscar Barreto trata afanosamente de desmarcarse del desprestigiado Alcalde de Ibagué y le declara la guerra a través de sus pupilos congresistas y altos funcionarios, este último atrae como el flautista de Hamelin a los “enemigos” políticos que en algún momento fueron “aporreados” por el poder absoluto de su otrora jefe, para que a punta de favores le armen una coalición que pueda ganarle las elecciones el año entrante.
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Sin sonrojarse, quien renunció al Partido Liberal para inscribirse al Conservador solo para generar confianza para que el Clan Barreto lo apoyara para elegirse Alcalde, ahora trata de juntarse con todos los que de una u otra forma están en contra del ‘altísimo’ para que defiendan su Gobierno ante los inminentes ataques que se vienen en retaliación a su declaración de independencia.

En ese show politiquero terminó la última rendición de cuentas del Alcalde: mostrar los nuevos aliados con los que espera hacerle frente al poderoso enemigo que ahora tiene, y en la renuncia de una de sus secretarias que dicen será candidata a la Alcaldía. De cifras, inversiones, proyectos, indicadores y resultados muy poco, más bien nada, como que “eso pa’ qué”.

Mientras tanto, ningún bando está pensando en cómo resolver los problemas reales de la ciudad. Barreto guardó silencio los primeros dos años y medio mientras tuvo control sobre buena parte de los cargos y los presupuestos de la Administración municipal; ahora que son evidentes los pobres resultados y que sabe que quien antes lo elogiaba está dispuesto a intentar derrotarlo, está haciendo todo lo posible por desmarcarse, quiere hacer ver que la cosa ya no es con él, como el que tira la piedra y esconde la mano.

Pero en el cambio de tercio la cosa no será diferente. Los nuevos aliados estarán listos para defender la pobre gestión de la “Ibagué Vibra”, o al menos callarán ante la decepcionante labor del actual Gobierno. Lo que importa es ganar las elecciones el año entrante y obtener el máximo de beneficios de la pelea política entre antiguos aliados.

Contrario a lo que vendieron cuando se posesionaron juntos el Gobernador, el Alcalde y la Directora de Cortolima, que supuestamente con un trabajo colaborativo y armónico lograrían transformar el territorio y alcanzar logros nunca antes vistos en la región (algo que nunca sucedió, incluso durante la luna de miel), hoy lo que vemos es un espectáculo bochornoso en el que el afán es derrotarse políticamente el uno al otro, cobrar cuentas pendientes de traiciones y ambiciones, volverse amigo de los enemigos del enemigo para fortalecer posiciones, en fin, la rancia politiquería que la gente del común tanto aborrece.

Mientras tanto la ciudad sigue sin agua, las calles destruidas (las rurales sí que es cierto), los parques abandonados, algunos escenarios deportivos en veremos y la Unidad de Salud en crisis financiera. Todo susceptible a empeorar por la profundización del desgobierno que se avecina, como producto de las concesiones que tendrá que hacer el Alcalde para afianzar el apoyo de su nuevo combo.

No será nada fácil, pero habrá que luchar con todas las fuerzas para cambiar esa realidad. Que el año entrante Ibagué y el Tolima puedan elegir gobiernos alejados de esas intrigas, enredos y conspiraciones. Gobiernos que trabajen por la gente.

CÉSAR PICÓN

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