Llega el gobierno del cambio

Con poderosos símbolos como terciarse la banda presidencial en Caño Cristales y luego una ceremonia de posesión ante los Arhuacos en la Sierra Nevada de Santa Marta, como muestra de la valoración de la rica biodiversidad y la pluralidad étnica y cultural de nuestra nación, nuestro presidente Petro inicia el gobierno que promete abrir una senda de transformación para Colombia.
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Una indígena como embajadora ante la ONU, otra como Directora de la Unidad de Victimas, y uno más como Director de la Unidad de Tierras. Un afrocolombiano, exgobernador del Chocó, como embajador en los Estados Unidos. Experimentados y con una basta base técnica en carteras como Hacienda, Educación, Agricultura y la Cancillería, más los últimos y quizá inesperados nombramientos, complementan el equipo diverso y preparado que tiene la responsabilidad de cumplir la promesa de producir reformas profundas que conduzcan a generar las condiciones para impulsar a Colombia a una era de paz, modernidad, prosperidad y así poder superar las inequidades sociales que se han venido acumulando desde la colonia y a lo largo de nuestro periodo republicano.

Sin titubeos y con la enorme responsabilidad de no decepcionar a los millones que votaron por el cambio, el nuevo Gobierno se apresta a impulsar las reformas que durante todo este tiempo las fuerzas paralizantes lograron impedir. Una reforma tributaria justa que elimine privilegios y logre el mayor recaudo en los sectores que pueden pagarlo. Una reforma agraria que vía soluciones de mercado contribuya a ajustar la inequidad en el acceso a la tierra, lograr un salto en la productividad agrícola y agroindustrial y, sobre todo, asegure la producción de alimentos para el abastecimiento interno en un contexto económico global que tiene presionado el costo de la canasta familiar como consecuencia del alto nivel de importaciones de alimentos con un dólar por las nubes.

Una reforma pensional y otra a la salud que fortalecerá el sistema público para desmercantilizar el derecho a la salud y para proveer una vida digna a millones de viejos y viejas que hoy la están pasando mal.

Retomar las relaciones bilaterales con Venezuela y reiniciar los diálogos de paz con el Eln, para desactivar peligros reales y potenciales para la seguridad nacional y la convivencia pacífica en la periferia del país y otras varias regiones azotadas por la violencia y el terror. Una policía civil para la paz, defensora de los derechos humanos y protectora del patrimonio natural y cultural.

Un próximo cambio de enfoque en la lucha contra las drogas de uso ilícito que podría contemplar la legalización de la producción y comercialización como una forma de arrebatarle el negocio a la criminalidad y aprovechar el creciente mercado global (en muchos países, legal) de su uso con fines recreativos y medicinales.

Un gobierno que puede convertirse en líder integrador de los pueblos de América Latina para construir una comunidad que trabaje en conjunto por la justicia ambiental, la protección de la Amazonia, la transición hacia las energías limpias y la descarbonización de la economía. Que construya lazos potentes en materia económica, comercial y social.

Ayer inicio el Gobierno del cambio. El apoyo popular y de la comunidad internacional será clave para iniciar una nueva historia en Colombia.

CÉSAR PICÓN

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