Una reforma para la equidad

Una cosa es que le digan a la gente que la carne, la leche y los huevos van a ser gravados con IVA, y otra muy distinta que se asegure que ningún alimento de la canasta familiar va a tener impuestos adicionales y que solamente alimentos ultra procesados y bebidas azucaradas tendrían gravámenes que podrían ayudar a disminuir su consumo.
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La reforma tributaria de Petro no se parece en nada a la de Duque -Carrasquilla, esta última, por lo impertinente y abusiva, detonó el gran Paro Nacional.

La verdad es que los elementos centrales de la reforma tributaria presentada por el nuevo gobierno apuntan a empezar a materializar lo prometido en campaña: construir una sociedad menos desigual que sea capaz de responder a la enorme crisis social y ambiental.

Que los únicos que vayan a ser objeto de mayores impuestos sean los salarios y pensiones de más de 10 millones de pesos y que el impuesto al patrimonio vaya a aplicarse desde los $3 mil millones y no sobre los $5 mil millones como venía, habla muy bien de este proyecto de Ley.

Que las regalías que paga la industria extractiva por la explotación de petróleo, carbón, oro y otros minerales, ya no vaya a poder ser descontada del impuesto de renta, es desmontar una gabela tributaria que impedía que el Estado colombiano pudiera participar mejor de la renta minera.

La Contraloría General de la República desde hace una década había demostrado que la riqueza que genera la explotación de recursos naturales se quedaba mayoritariamente en utilidades para las empresas, por eso se había manifestado en contra de ese oprobioso mecanismo. Por otra parte, ahora que los precios internacionales de esos commodities pasan por un buen momento, la reforma propone que paguen un porcentaje adicional a las exportaciones de modo que logre capturar una parte de las mayores utilidades.

La reforma contempla un impuesto sobre plásticos de un solo uso que será pagado por cada gramo del envase o empaque que se venda o consuma. Una reforma tributaria anterior ya había establecido ese impuesto pero solo para bolsas plásticas, por eso las cobran en los supermercados. Se espera que, tal como con las bebidas azucaradas, esto contribuya a disminuir el uso de estos envases que no solo presentan una alta huella hídrica en su fabricación sino que su descomposición puede durar más de cien años.

La ampliación del impuesto al carbono establecido en la Reforma, si bien tiene como objetivo fundamental alentar la transición hacia el uso de energías alternativas, también tendría un impacto en el precio de la gasolina, el diésel y el gas que consumimos para cocinar, algo inoportuno en medio de la inflación que vivimos. Eso merece una revisión y debate durante el trámite de la misma, hay que evitar mayores presiones sobre el bolsillo de las familias, en especial las de menores ingresos.

Por fin en Colombia se presenta una reforma tributaria que privilegia el mayor recaudo de impuestos de quienes más ganan o más poseen, y que se atreve a desmontar beneficios odiosos que solo servían para hacer más ricos a los ricos.

Vendrá una reforma agraria que apuntará a disminuir desigualdades en el acceso a la tierra y demás medios de producción.

Por ahora podemos decir que vamos por buen camino.

CÉSAR PICÓN

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