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Y sí, ser pilo paga

Con todo y las críticas que le puedan llover al programa liderado por Gina Parody, es de reconocer que la iniciativa ‘Ser pilo paga’ es la herramienta más contundente que se ha visto en los últimos años para tratar de igualar las oportunidades de los jóvenes con mayores necesidades del país.

Y no son muchachos cualesquiera elegidos al azar, son estudiantes brillantes que por sus méritos en una prueba que mide a todos los bachilleres del país en un escenario equitativo se ganaron un lugar en lista de becados del gobierno. Lo que para muchos era una utopía hace algunos meses, como poder acudir a una universidad, hoy es una realidad matriculada en los mejores claustros de Colombia.

Pero justamente ahí comienzan los retos de esta generación de ganadores. Porque en lugar de arrinconarlos en universidades de garaje o abrirles cupos en instituciones de dudosa reputación los enviaron al corazón del conocimiento, a las grandes alma mater donde los semestres se tasan en decenas de millones y se infla el pecho con orgullo tras cada ranking internacional que se publica.

Esto, por supuesto, trae consigo un choque de estilos de vida al que algunos se adaptarán rápidamente sin traumatismos, pero al que otros se resistirán porque va en contra de la visión de élite con la que inconscientemente fueron criados desde niños.

Lamentablemente, con apenas un par de semanas de iniciadas las clases ya comenzaron las primeras denuncias de matoneo. Las mismas intentaron ser atajadas por los rectores como parte lógica de sus funciones, pero nos revelaron un panorama de discriminación silenciosa que seguirá vigente, aunque se esconda bajo el tapete, por lo menos durante los próximos cinco años, cuando la primera camada de becados culmine de manera exitosa su pregrado. En ese entonces, cuando todos salten al mundo profesional, no habrá ricos ni pobres, sino una competencia de puro cerebro en igualdad de armas por los mejores puestos laborales de este país.

Por desgracia algunas instituciones educativas se volvieron el cubo de cristal de unos sectores sociales que se hicieron llamar a sí mismos la élite colombiana sin mayores méritos que haber nacido en la familia indicada. Y aunque hay entre ellos excelentes estudiantes que aportarán mucho a sus campos de estudio, también existe una nada despreciable porción de sujetos de llamativa mediocridad, quienes, estoy seguro, son los que más se sienten amenazados por la súbita presencia de sus nuevos compañeros de pupitre. Una vez que la barrera del dinero se ha superado, todos son iguales frente al parcial.

El Gobierno tiene razón, y sí, ser pilo paga, aunque hoy en día ya nadie diga la palabra ‘pilo’ (Presidente, eso se quedó en los 90), solo que hasta antes de este experimento social nadie en Colombia lo había dejado tan claro.

Obiter Dictum: Estoy en contra del espectáculo taurino y la tauromaquia no me parece sinónimo de cultura, pero la ley hay que cumplirla y la Corte Constitucional ha fallado a favor de esta actividad; nada qué hacer, se cierra la discusión.

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