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La perversidad de mentir

El discurso adobado de mentira para engañar y desorientar, se convirtió en recurso recurrente de no pocos dirigentes colombianos. Y no solamente de dirigentes de nivel medio sino de los de alto nivel, aquellos que tienen influencia en la nación por sus funciones relacionadas con el manejo del poder.

Oscurantismo político

Los vicios consentidos en el ejercicio de la política en Colombia le han restado capacidad funcional a la democracia. Se ha creído que con las elecciones basta, sin tomar en cuenta que estas también están contaminadas de las restricciones impuestas por quienes han manejado el poder en función de sus intereses mezquinos.

La dinámica de las ideas


Ahora que Colombia entra al camino de construir un nuevo destino basado en la equidad social, buscándole poner punto final a las atrocidades de la desigualdad con sus violencias recurrentes y el entramado de otros designios consentidos por quienes manejan el poder como instrumento de privilegios, se deben dejar atrás el simplismo y la ingenuidad, que han funcionado a la medida del atraso para que nada cambie y se repita cíclicamente más de lo mismo en beneficio de los que se lucran de la “mezquina nómina”. Es un punto esencial de tomar en cuenta como garantía de no repetición.

La meta de la paz total

No puede ser imposible que los colombianos le ganen la partida a la violencia, a pesar de su intensidad, su recurrencia y sus horrores a lo largo de la historia de la Nación.

La política deleznable

La participación de las personas en los asuntos públicos deja, sin duda, lecciones que deben tomarse en cuenta. Permite conocer la sinceridad o el oportunismo de quienes intervienen, o fungen de protagonistas. Algunos dicen cosas que las revisten de ciertas cuando ellos mismos saben que no lo son.

Acumulación de males

El balance de Colombia en más de 200 años de su construcción como Estado independiente, con toda una estructura institucional, de identidad democrática, según los gobernantes del establecimiento, registra la acumulación de graves problemas recurrentes. Y no son pocos, ni frágiles. Año tras año se han agudizado, bajo la indiferencia o la permisividad de una burocracia ociosa, insensible a los estragos de las políticas perniciosas dispuestas por un Congreso desconectado de la realidad y acogidas por el Ejecutivo distanciado de las necesidades insatisfechas de la comunidad. Ello es la negación a las soluciones pendientes de problemas reconocidos en su gravedad.

El discurso del odio

Es cierto que Colombia ha estado marcada por la violencia en varias de las etapas de su historia. Violencia de los conquistadores españoles contra la población indígena asentada en el territorio. Violencia en etapa de la colonia. Violencia de los latifundistas para apoderarse de la tierra e imponerles a los campesinos la pobreza. 

Los promeseros del cambio

Como no se puede ‘tapar el sol con las manos’, así se quiera distorsionar la realidad colombiana aplicando forzado maquillaje demagógico, no son pocos los actores del proceso electoral en curso que se han declarado partidarios de un cambio de rumbo de la nación. No reconocen abiertamente la acumulación de problemas debido a la errática gestión de gobernantes apoyados por ellos mismos, pero ofrecen un manejo diferente del país.

La insistencia en el odio

Del protagonismo del exalcalde de Medellín Federico Gutiérrez en la política se esperaba un aporte positivo. Por lo menos que no cayera en la rutina del engaño para atacar con odio y mentira a quienes no están en sus afectos o sus querencias ideológicas. 

Política y violencia

Es lacerante el repaso de la violencia en la historia de Colombia. Es un acontecer recurrente para la protección de intereses de quienes se han apoderado de las fuentes de riqueza en función de su particular beneficio. Lo cual tiene un trasfondo político que pone en evidencia la trama utilizada en esas operaciones consumadas casi siempre con cálculo de avaricia.