El general que se autoincriminó

La declaración del brigadier general Rubén Darío Alzate simple y llanamente es un ejercicio de autoincriminación, pues asume toda la responsabilidad con un discurso que no es creíble; que no hace parte, por lo menos, coherente de lo que ha sido su trayectoria militar y tampoco es consecuente con la realidad.

El General afirma haber tenido la información necesaria y de primera mano por haber acudido a las fuentes de inteligencia para conocer el estado operacional del sector que iba a visitar, y así saber cuáles eran los problemas y los riesgos que asumía, y además dice que tomó la decisión de ir de civil y de lanzar una estrategia conjunta de distracción para que el enemigo creyera que él iba por un lado, y así ir por otro. Eso no cabe en la cabeza de un general. No nos están contando la realidad, simplemente se autoincriminó y para cerrar pidió, en una medida muy digna, sin lugar a dudas, la baja del servicio por cuenta del daño que le produce no solo a la honra de las Fuerzas Militares, sino al proceso de paz.

El General queda endeudado con la sociedad civil por cuenta de su declaración, que es poco creíble, y muestra que así como fue sometido a presión por las Farc, también recibió una presión muy fuerte por parte de los mandos militares y del Ministerio de Defensa Nacional, para que asumiera toda la responsabilidad y dejara a un lado cualquier crítica que pudiera ser formulada hacia el Ministerio por cuenta de su retención.

En el caso del Presidente de la República, es claro que este tema va a generarle más críticas y más oposición desde el punto de vista político, electoral, activista y social, pues difícilmente nos podremos tragar el sapo de lo que dijo el general Alzate.

La Presidencia de la República y el Ministerio de Defensa debieron entregar una declaración conjunta, no secuestraron a un oficial menor, sino que se trató de la retención de un Brigadier General de la República, y si bien él cometió el error al exponerse de tal manera para que fuera capturado, era necesario tener un acompañamiento especial.

Una postura de mayor humildad por parte de la Casa de Nariño y del Ministerio de Defensa hubiera permitido cerrar la página de este doloroso incidente, y le hubiera permitido al presidente Juan Manuel Santos haberse sintonizado de una mejor manera con la sociedad civil.

A Santos seguro le van a pasar factura por este incidente.

(*) Experto de seguridad y defensa

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