Si la sal se corrompe

Como dice la Biblia, será la perdición de un pueblo. Vale la pena recordar el pasaje de ella cuando dice: “Ustedes son la sal de la tierra y si ustedes se corrompen, ¿Cómo evitar que se corrompa el pueblo cristiano?”

No podemos cerrar los ojos ante lo que pasa en estos momentos, cruciales para nuestro porvenir. Algunos afirman (yo entre ellos), que el problema de la corrupción es mucho más grave que el control de los violentos, y esto sucede porque este es un país donde la Justicia no es pronta ni cumplida. Hoy vemos cómo se derrumba la majestad de ella.

Quienes creemos que el pilar donde se sustenta una sociedad es en lo justa que ella sea, vemos con preocupación que esa dama que ponen vendada sosteniendo una balanza, hoy se pasó su venda a sus oídos para no oír el clamor de un pueblo que reclama justicia, pronta y cumplida. Pero sobre todo, honesta.

Dolió en el alma de la patria la muerte de los miembros de la Corte en los deplorables hechos, cuando en llamas en un palacio se sacrificaron las vidas de unos hombres acrisolados en el saber y en el deber de hacer una patria justa. Hoy, si eso se repitiera, tal vez se pensaría que es la oportunidad de corregir un grave error para empezar de cero.

No da espera el iniciar desde ya una reforma que corrija todos los yerros. Las Cortes deben estar al margen del clientelismo y la política, allí deben estar los mejores, no solo en su aspecto jurídico, sino en su ejemplo de vida. Pensamos que la cooptación podía ser un error grave, pero el remedio resultó su perdición.

Los jueces de hoy son unos convidados de piedra en el manejo de sus más inmediatos colaboradores, porque pertenecen a la gran burocracia del sistema. Debemos cerrar pronto esa página. Tampoco la justicia puede seguir siendo manejada por los medios que condenan y absuelven desde sus micrófonos o desde sus páginas: la justicia espectáculo.

Si no hay justicia no habrá paz. También existen honrosas excepciones.

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