OEA, ¿tiene futuro?

Hace pocas semanas la OEA eligió como nuevo Secretario General, en reemplazo de José Miguel Insulza, a Luis Almagro, excanciller uruguayo. Pero, ¿la OEA sirve para algo? No. ¿Por qué?

Porque dicho organismo, nacido en 1948, más que ser un foro que luche por los intereses de América Latina, lo que ha hecho desde su fundación es defender los intereses de E.U. en América Latina y estos, entre mediados del siglo XX y la segunda década del XXI, han variado notablemente.

Los gobiernos de los países de América Latina en los años cincuenta del siglo pasado respondían, sin titubeo, a los intereses y mandatos de E.U., que vivía una época influenciada por la política exterior de capitalismo de Estado que impulsó Franklin Delano Roosevelt (fallecido poco antes) y las teorías económicas keinesianas. Hoy, el asunto es diferente; por un lado, Washington archivó la política del buen vecino, el capitalismo de Estado, su estrategia de dominación indirecta y defiende abiertamente las ansias del capital financiero; por otro lado, en un número significativo y estratégico de países de América Latina hay una rebelión contra tales mandatos, impulsada por una corriente de gobernantes cuya ideología choca con dichas posiciones.

La OEA, cuando por orden de E.U. aisló a Cuba, se asestó un tiro en el pie y de tal lesión no se ha podido curar, pues cada día más voces desestiman el papel de tal organismo como vocero de los intereses de América Latina.

¿Qué puede hacer hoy la OEA cuando E.U. capitanea la rapacidad del capitalismo financiero, su letal libre mercado neoliberal impulsado por las teorías económicas de Hayek y Friedman, cristalizadas en los tratados de libre comercio?

En tanto, en nuestro subcontinente crece el número de inteligencias que mira a otros lados y cada vez más amplios sectores de América Latina consideran que la OEA es el muñeco ventrílocuo de Washington.

Comentarios