Un circo llamado festival

Lejos estamos de aquellas fiestas del San Juan y el San Pedro en la Capital Musical de Colombia, cuando bajo la batuta de don Adriano Tribín Piedrahita, presidiendo la Junta Municipal, eran un verdadero derroche de folclor, tradiciones y costumbres tan nuestras, hoy empantanadas y enmarañadas con improvisaciones, malgasto y saqueo del erario, solo buscando entretener a un pueblo que no tiene memoria y mucho menos, sentido de pertenencia. Algunos dicen que el desfile del 24 de Junio fue espectacular, mientras otros, con más visión opinan todo lo contrario. Es aquí donde debemos de preguntarnos si en la realidad el circo que observamos es lo que nos merecemos los ibaguereños, las colonias y los visitantes de otros lares. Es una falta de respeto, una vulgaridad llevada al extremo. Qué tienen que ver unos dragones, unos castillos y otras figuras alejadas de nuestras tradiciones.

Los artistas nuestros tan reconocidos a nivel nacional e internacional, muchos de ellos, no fueron llamados dentro de la nómina de los invitados a quienes les pagan cifras millonarias, mientras los de aquí carecen de muchas necesidades. Qué ironía realizar un concierto de Carlos Vives, que siendo una empresa privada, se dice que la Alcaldía aportó una cifra del orden de mil quinientos millones de pesos. Acaso no tenemos otros de igual categoría como Silva y Villalba, Lara y Acosta, Los Inolvidables, El Dueto Viejo Tolima, las Colombianitas y qué decir de Santiago Cruz, La Orquesta Kimbombó, Ana y Jaime, Vicky. Raúl Santi y otros. Si nos vamos a otras ciudades como Villavicencio y su Festival Internacional del Joropo, Manizales y su Feria, Cali y su Reinado Panamericano, Pasto y su Carnaval de Blancos y Negros, Medellín y su Reinado de las Flores, Barranquilla y su Carnaval, se precian de tener unas verdaderas Juntas organizadoras, conocedores del tema, expertos en su manejo, con una amplia visión de empresa y donde no escuchamos que terminan en saldo rojo y con deuda amplia de hoteles, alimentación y pago a los artistas, además de no tener líos judiciales por contratos ficticios con suplantación de firmas de los artistas, porque para ellos primero los de la casa y luego veremos. De lo anterior soy testigo presencial y no solo en nuestras tierras, de igual manera en otros países.

Pero qué más podemos esperar cuando con gran desfachatez, en plena Semana Santa, inauguraron el Panóptico, un espacio que carece de muchas cosas, aún sin terminar, pues el dinero invertido durante estos años engrosó capitales privados y nadie dijo nada. En la actualidad toda la inversión se está pudriendo en virtud de la perforación total del techo, amenazando ruina. A un grupo de artistas plásticos los engañaron con la idea de un concurso de carrozas, sus diseños y un contrato y los dejaron abandonados a su suerte, luego de invertir parte de sus ahorros. Dónde está la Administración Departamental, Municipal y la Veeduría. Festividades como esta se les debe dar entierro de tercera. Todo esto motiva al sector cultural para rescatar y promover una reingeniería total al certamen. Le venden al visitante una ciudad turística, cuando las calles están destruidas en pleno centro, como la calle bonita de la 12 entre las carreras 1ª y 5ª, unos monumentos deteriorados por la falta de restauración, unos parques atestados de pordioseros y de drogadictos.

No aplaudo en lo más mínimo todo este circo con la carpa rota, mientras en muchos lugares de la ciudad aún se carece de los servicios básicos. Pero desafortunadamente nos enseñaron a eso, a vivir del mendrugo, de la palmada en el hombro, de un tamal, un plato de lechona, una teja o un aguardiente. Ojalá despertáramos de este letargo que cada día nos lleva por los senderos más equivocados y que cuando lo entendamos no sea demasiado tarde.

*Escritor – Director de Teatro

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