23 de Noviembre del 2017
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Columnista Invitado
14 Ene 2017 - 3:01am

El derecho a la esperanza

Publicada por
CARLOS GÓMEZ
Autor:

En estos días de año nuevo hemos escuchado predicciones, la mayoría bastantes apocalípticas: el desastre con Trump, atentados terroristas por doquier, accidentes fatales, desplazados por guerras, la adelantada campaña política en Colombia, la debacle económica mundial, y mil más.

Ciertamente que es muy difícil encontrar un buen augurio en medio de tanta negatividad. Sin embargo, en los abrazos de fin de año todos nos deseamos parabienes y felicidad; los mejores deseos para amigos y parientes, brindamos por la paz, soñamos con un mejor año. Los seres humanos no podemos vivir sin esperanza; y, en las más dramáticas situaciones y entre las personas que más han sufrido siempre se cuela la vida y aparece una brizna de ilusión.

Los Griegos en la antigüedad concibieron el mito de Pandora: la primera mujer creada por los dioses. A ella le fue concedida el ánfora que tenía gracias y desgracias con la instrucción de no destaparla. La curiosidad pudo más y fueron liberados los bienes y los males; la última en salir, tímidamente, fue la esperanza, un bien que permitía endulzar la vida, aliviar el camino, aminorar las cargas. En la tradición cristiana, la esperanza es una virtud y se define como la fuerza que capacita a esperar confiadamente que se realicen las promesas de Dios, que el bien venza el mal, que la desgracia pueda ser la puerta a la felicidad, que la luz someta la oscuridad, que el bien se sobreponga al mal.

No se trata solo de optimismo que es un estado del ánimo y por tanto voluble y efímero; la esperanza es cualidad que tenemos que cultivar, enriquecer, hacer florecer. Va de la mano de la fe, de las convicciones, de la capacidad de creer –primero en sí mismos, en lo que cada uno es capaz de hacer y lograr, pero, además, de creer en el otro y convencerse de que también en él o ella puede residir la bondad y la posibilidad de transformar la vida.

No se trata de vivir un mundo rosa o idealizar la realidad para volverla quimera. Es fundamentalmente una opción personal para mirar la historia con otros lentes y sentir que también puede albergar la misericordia y el amor.

“La esperanza ve lo invisible, siente lo intangible y logra lo imposible” (Frost).

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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