La formación académica, el gran desafío

Las escuelas y las universidades se enfrentan hoy a una transformación social y cultural que impacta directamente a la juventud y a las dinámicas de formación integral, lo que ha terminado por afectar los procesos educativos. Las instituciones de educación superior observan con preocupación el lamentable nivel académico con el que salen los estudiantes de la formación media, lo que repercute al interior de las universidades, representado en bajos rendimientos, deserciones y disminución en los ingresos.

Hoy en día se evidencia una baja apropiación de conocimientos en ciencias básicas principalmente en las áreas de Matemáticas, Física, Química y afines, y esto conlleva a que los docentes no solamente deben superar dificultades en la enseñanza, involucrando mecanismos pedagógicos en el que el estudiante debe asumir una actitud comprometida y activa con su aprendizaje, sino que deben formarse en estrategias pedagógicas acordes con la disciplina que orientan. Uno de los grandes cambios educativos en Colombia se orienta con la introducción del enfoque que conlleva al desarrollo de competencias.

Anteriormente la calidad se asociaba de manera directa con la capacidad que tenía el sistema educativo de transmitir contenidos, en la mayoría de los casos ajenos con los contextos reales de los estudiantes. Actualmente la eficacia de los procesos educativos se asocia con la capacidad de ese mismo sistema para desarrollar en los niños y los jóvenes habilidades, conocimientos y valores que permitan comprender, transformar e interactuar con el mundo en el que viven, llevando a la compresión, análisis y solución de problemas reales.

Lo que implica pasar de un modelo de aprendizaje de contenidos y basado en la memoria a una educación permanente y conectada con la realidad del país y del mundo. Concebir una educación que no se agota sino que se desarrolla de manera permanente e interactuante. El cambio en la calidad educativa están relacionadas con las grandes transformaciones de la educación durante el siglo XX, las cuales sitúan al estudiante como el eje articulador del proceso de enseñanza - aprendizaje, dando la cara a una sociedad que depende del conocimiento y la información, pero también respondiendo a una crisis del sistema educativo en el que tanto familias como estudiantes ven la educación poco pertinente con las necesidades diarias, el mundo laboral, la vida en comunidad y sociedad.

Es perentorio rodear el sector educativo ante estas realidades; llevar a que el estudiante adquiera habilidades y destrezas científicas, tecnológicas, o técnicas, exige que se generen procesos anidados con la formación integral a través del fortalecimiento de las comunidades académicas a través del trabajo de los equipos docentes en áreas específicas con el fin de reflexionar sobre el quehacer educativo, estableciendo acuerdos sobre los niveles de desempeño y enfocar la enseñanza a través de actividades de investigación, lo que fortalecería la formación integral con criterios de acción. Es hoy, un desafío encender la motivación en los jóvenes y lograr un aprendizaje perdurable. La enseñanza es uno de esos entornos humanos que raramente se beneficia de sus acciones pasadas, los profesores, aparecen y pasan por la vida de sus estudiantes, pero solo unos pocos de ellos quizás consigan influenciar positiva, sustancial y sostenidamente las formas de pensar, actuar y sentir de sus estudiantes. Es hora de cambiar la perspectiva de la sociedad frente a la educación, y se reconozca el invaluable trabajo que hacen los maestros, docentes e investigadores.

Decano- Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas Universidad de Ibagué.

Comentarios