Marché sin marchar, protesté sin protestar

Salí a la calle a marchar el 21 de noviembre sin marchar y a protestar sin protestar. Marché como si fuera en procesión de Semana Santa y protesté con villancicos de Navidad. Marché como invisible, lo más lejos de parecer un encapuchado, terrorista o venezolano. No levanté la voz, mucho; no mostré pancartas que luego pudiera desacreditar el Centro de Memoria Histórica; sobre todo, no provoqué a nadie, ni al que pasaba al lado mío, ni mucho menos al policía que estaba, eso sí él, encapuchado.

Marché como en procesión, cantando villancicos, como si a mi lado no fuera un terrorista enviado por Maduro, sino el mismo Iván Duque, que también marchó, como yo, sin tener motivos para marchar. Así que marché como sin motivos, como sin razones, por las mismas razones que marcha Duque por los pasillos del Palacio de Nariño: por los salarios, que están en el cielo, por la salud de que todos gozamos, por la seguridad que garantiza a todo líder social una bala en el pecho, por las reformas que se harán para beneficio solo de los evasores de los Panamá Papers.

Marché como si estuviera en Palacio, sin romper una sola silla Luis XV. Ni espejos ni floreros Luis XV. Marché solo para gastar suela, para distraer el tedio, por no tener que hacer más que jugar en casa solitario. Marché así no más, como si marchara por nada y con nadie de los suyos. Marché como si no marchara por Colombia, por la paz, por el futuro del país. Marché sonámbulo sin marchar y protesté noctambulo sin protestar.

No marché al lado de sindicalistas, obreros, estudiantes, campesinos, Lgbti, indígenas, afros, desempleados. No marché al lado de ellos: no, marché al lado nuestro: con los socios del Club del Nogal con whiskey en mano (aquí no tenemos ley seca).

Ese el marco, según nos cuentan los medios, del derecho legítimo a la marcha. Del derecho legítimo a la protesta. O si no pregunte al Smad cuando lo detengan; pregunte no más al que le da bolillo por marchar por los motivos que ni Duque, ni el gabinete ministerial, ni la cúpula militar, ni los dueños del gran capital, ni el embajador gringo reconocen como sin-motivos para salir a las avenidas, calles, plazas públicas, parques, esquinas.

No marché con las masas, sino con los selectos; lo mejor: marché solo, en silencio místico, en vía de perfección ciudadana.

Marché pues sin marchar; protesté pues sin protestar. Como debe ser, con masajista, que no marcha y } en mano, que no protesta.

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