Los números no son los villanos

“Si la gente no cree que las matemáticas son simples, es solo porque no se dan cuenta de lo complicado que es la vida”.

- John Louis von Neumann.

Asumir las matemáticas como algo complejo es el primer paso para alejarse de la simplicidad que transmite. Uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan las instituciones educativas desde las escuelas hasta las universidades es formar individuos que aporten a la sociedad, que transmitan pero también que generen conocimiento, que resuelvan problemas, que transformen realidades, lo cual se logra con una educación de calidad y la matemática es una pieza de suma importancia en el mecanismo que subyace en la formación integral de las personas. Nuestros ancestros acudían a los números como lenguaje para describir la naturaleza pero también como una herramienta para sobrevivir, la idea de cantidad esta impregnada en nuestros genes, y en los de muchas especies animales. Los bebes reconocen de forma innata las cantidades, los primates tienen la misma facultad, pero el número es más que la etiqueta que se le asocia a la cantidad para reconocerla y distinguirla. Los números y y las rutinas de contar transforman la manera como los niños piensan y entienden las cantidades, ofrecen una amplia perspectiva del pensamiento numérico humano, que no es simplemente un producto del desarrollo natural del cerebro, sino que es el resultado de crecer en culturas determinadas con tradiciones de conteo y habilidades que se desarrollan con los procesos de enseñanza. Las cantidades y los números hacen parte de nuestro lenguaje, están verbalizados y codificados, los números escritos están presentes en los albores de la escritura y fueron cruciales para el desarrollo de la palabra escrita. Los números están ligados a cada campo del conocimiento, hacen parte de la cultura humana, los números nos hicieron como somos, el más grande invento cognitivo que ha alterado para siempre como interpretamos la realidad, entonces, ¿por qué la aversión a ellos? ¿Por qué el temor a usarlos?, ¿a estudiarlos? Los docentes enseñan aún con un envejecido sistema educativo, y más aún la matemática, arraigada a lo memorístico y lo mecánico, sin pasión, sin objetivos a largo plazo, sin grandes metas, o más bien siguiendo planes estratégicos que están en el papel y que se cumplen porque el trabajo lo exige.

Se necesita con urgencia corregir aspectos de nuestro sistema educativo, tomar el riesgo de ver otras experiencias y seguir otros caminos, pero no hacerlo con temor sino con decisión social, política y económica; como lo he comentado en otras columnas, es una ardua tarea que no se puede solo dejar a los docentes, es un megaproyecto en el que deben asumir responsabilidad todos en la sociedad.

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