Ejemplo

La acalorada discusión entre Vicky Dávila y Hassan Nassar -que entre otras cosas ha opacado el escándalo por el uso indebido del avión presidencial- nos indica –una vez más- que llegó la hora de reflexionar.
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Si en un debate de alcance nacional, dirigido por quien se presume “periodista” de trayectoria y su contraparte, nada más ni nada menos que el Jefe de Comunicaciones del Presidente de la República, entran en una discusión exacerbada de manera que se pasan de los argumentos a los ataques personales y calificativos deshonrosos; con ese ejemplo, qué podemos esperar de gente del común, como usted y como yo.

Urge un alto en el camino. La agresión como forma de expresión no es legítima ni legal. En los últimos días hemos tenido lamentables noticias en el país: doble feminicidio en Bucaramanga; un hincha del América asesinado; un joven se estrella contra un carro de valores y el escolta le dispara en la cara. Por mencionar algunos ejemplos.

La violencia es nuestro pan de cada día. Está tan naturalizada la muerte violenta en Colombia, que parece una inocente utopía pensar un país sin homicidios diarios, o por lo menos sin los homicidios selectivos a líderes sociales que ocurren frente al silencio y omisión cómplice del Gobierno. Para ellos no hay lamentaciones públicas como lo hiciera el comandante del Ejército Nacional ante la muerte de un criminal como “Popeye”. ¡Qué ejemplo para las filas!

Y, mientras aquellos que tienen alcance nacional –volviendo a nuestros ejemplares periodistas Vicky y Hassan- en vez de hacer un llamado a la calma, a la sensatez, a aplacar los ánimos, lo que hacen es violentarse verbalmente con epítetos que van desde cobarde fracasado, inepto, lagarto, e incluso recurren a ofensas machistas como “usted no tiene huevas”, ¡estamos jodidos!. Justo en la semana donde se celebra el día del periodista en Colombia, este par de adalides del gremio dan muestras claras de lo que reina en el país por estos días: violencia.

Lo que preocupa no solo es el circo vergonzoso ofrecido por este par. Lo realmente azaroso es que sus posturas influencian el comportamiento de muchos colombianos incautos que ven en ellos modelos dignos de ser seguidos, repitiendo así, un círculo vicioso de violencia y agresión. Muchos aplaudirán la postura de Dávila; otros elogiaran los “huevos” de Nassar; así las cosas, seguiremos repitiendo los patrones violentos que día a día le cuestan la vida a algún colombiano.

Pareciera que con la desaparición del maestro Javier Darío Restrepo –éste sí un buen ejemplo-, sus valiosas enseñanzas sobre la ética periodística se hubieran ido con él. Espero que los estudiantes de comunicación social y periodismo no tomen de referente intelectual al genio de Hassan o no adopten las cualidades de moderadora de la brillante Vicky.

El ejercicio del periodismo, que por demás en Colombia es para valientes, es la continua búsqueda de la verdad al servicio de la sociedad. Pero desafortunadamente la práctica profesional de algunos personajes, se ha mercantilizado de manera descarada, que ya no importan ni deontología, ni verdad, ni sociedad.

DANIEL FELIPE SOTO MEJÍA

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