Para hablar de paz debemos actuar de otra manera

La paz es un proceso que debe estar encaminado a eliminar de la sociedad las enormes desigualdades socioeconómicas, redistribuir la riqueza, buscar modelos de desarrollo alternativos y modificar las prácticas de depredación del planeta, como lo afirma el filósofo Luis Alberto Tamayo en su libro La escuela territorio de paz.
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Por ello, la sociedad debe dedicarse a ella, pues para la construcción de la paz se requiere que exista un compromiso social que permita el bienestar general. Lo anterior implica posicionarse en contra del patrocinio o financiamiento de la guerra, y procurar el respeto y la efectividad de los derechos de los campesinos y otras poblaciones desprotegidas históricamente.

Se debe reconocer que los gobiernos han trabajado en la construcción de la paz. Un ejemplo de ello es el de la obtención de acuerdos como los realizados en Colombia para terminar el conflicto armado interno.

Estos aportan en gran parte a la consecución de aquella. No obstante, una cosa es alcanzar acuerdos para culminar el conflicto armado y otra consolidar las condiciones indispensables para que haya una paz estable y duradera. Esta última es una tarea difícil, aunque no imposible.

El logro de la paz no depende de la voluntad de un grupo determinado de personas, ni de la del Gobierno, sino de todos los colombianos. De hecho, desde la disposición de cada uno podemos tomar la decisión de darnos la mano y superar las diferencias sin que nos cueste trabajo. Pero en la práctica estamos interactuando de manera irrespetuosa, odiándonos, discriminando, cometiendo injusticias y actuando con ausencia de valores. Aunque creamos estar en un proceso de consolidación de condiciones para una paz estable y duradera los ciudadanos no hemos avanzado.

De ahí que para hablar de paz debamos actuar de otra manera, ser respetuosos, amarnos, ser solidarios, justos y valorar a los demás.

De esta manera, los docentes (tanto de las universidades como de los colegios), así como los padres de familia, están llamados a crear estrategias de enseñanza desde los sentimientos y, a partir de ellas, generar transformaciones sobre las actuaciones. Eso implica mucho trabajo, paciencia y compromiso. Lo anterior está relacionado con la educación para la paz, pues para educarnos necesitamos de los demás, en aras de contribuir a la construcción de la paz.

Tal educación debe ser vista como un gesto colectivo, generando una verdadera cultura de convivencia, basada en el compromiso social de sacar adelante nuestro país con el aporte de todos los ciudadanos. La invitación que hago es a que las universidades, los colegios y la comunidad en general trabajen en conjunto por la consecución de la paz, un compromiso de todos.

CARLOS F. FORERO HERNÁNDEZ

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